Opinión

El pacto roto

lunes, 5 de abril de 2021 · 06:55

Hace unos días el presidente Andrés Manuel López Obrador y los 32 gobernadores firmaron lo que llamaron el Acuerdo Nacional por la Democracia, mediante el cual se pretende garantizar que las autoridades no metan sus manos en el proceso electoral.

En ese momento establecimos en este mismo espacio que “el propio presidente de la República y todos y cada uno de los gobernadores del país, de todos los estados y de todos los colores, unos más y otros menos, están metidos de lleno en el proceso electoral, desde en la designación de los candidatos y hasta en el apoyo con recursos públicos”.

Y apuntamos también: “No dejarán de hacerlo solo por firmar un papel en el que se comprometen a que ya no lo harán. Esto no es cuestión de firmas, es cuestión de convicción.

Dijimos entonces: “¿Se va a acabar esta práctica solo porque los actores firmen un acuerdo en el que se comprometen a portarse bien? Desde luego que no. Esto es, de parte de todos los protagonistas, una burda farsa, una desafortunada faramalla con la que pretenden vender un compromiso de decencia que de antemano saben no van a asumir”.

Fueron pocos días los que tuvieron que pasar para validar esas palabras. Este sábado pasado, en la víspera del inicio de las campañas políticas de la elección que probablemente es no solo la más grande, sino que puede ser histórica, el propio mandatario nacional tiró a la basura tal acuerdo.

López Obrador en sus redes sociales difundió una imagen de su caricaturista preferido, “El Fisgón”, donde se critica de manera muy fuerte al PRI y PAN y aparecen sus logotipos.

La publicación la acompañó del siguiente texto: “El cartón de hoy de El Fisgón es un compendio claro, didáctico y contundente. Ante la revolución de las conciencias y el despertar del pueblo, las élites corruptas y sus voceros, no tienen otra opción que la de repetir mentiras y hasta hacer el ridículo”.

Para muchos la expresión tiene sentido y coinciden con ella, lo que es absolutamente válido, pero el asunto que debe ocuparnos no es ese, sino la franca intromisión presidencial en un asunto meramente electoral, y a solo unos días de que se había comprometido a no hacerlo.

Y desde luego en los estados los gobernadores estarán haciendo lo mismo. Y los alcaldes. Lo hecho por el presidente les da la voz de salida para hacerlo y los exime de cumplir con lo pactado.

Lo dicho. El respeto a la palabra y a la ley no es cuestión de acuerdos. Es cuestión de convicción y civilidad.

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