OPINIÓN

Un grito de esperanza

Créditos: Vivi Santana
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Días atrás escuché a una señora contar sobre cómo había perdido sensibilidad en una pierna: su yerno le había pasado con el carro encima, a ella y a su pequeño nieto, tratando de atropellar a su hija. “Mi hija sufrió mucho con él, le daba cada paliza pero cuando quise ayudarla, me pasó lo de la pierna y decidí ya no meterme. Lo bueno es que cuando se estaba muriendo, me pidió perdón el pobrecito”. 

La violencia hacia la mujer, por desgracia, sigue normalizada: “son problemas de pareja, no te metas; ella se lo buscó por vestirse así; es que no lo atiende como merece…”.

“Si me matan, sacaré los brazos de la tumba y seré más fuerte".

Minerva Mirabal

Este jueves, 25 de noviembre, es el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Ese día se cumplen 61 años desde el brutal asesinato de las hermanas dominicanas, activistas y defensoras políticas, Mirabal, por orden del dictador dominicano Rafael Trujillo. Han pasado 40 años desde que un grupo de mujeres, en el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe (Colombia, 1981), recordando a las Mirabal, declaraban el 25 de noviembre como el Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer. 

Han pasado casi 30 años desde que se tocó el tema en la Asamblea General de la ONU, a través de la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Han pasado 23 años desde que la misma ONU decidió instaurar ese día como Día Internacional para sensibilizar a los ciudadanos, llamar la atención de los medios de comunicación y urgir a los gobiernos a que implementen políticas concretas para su solución.

Gobiernos en México y en Sinaloa han pasado y las soluciones propuestas han sido pequeños paliativos insuficientes. La violencia hacia nosotras no ha parado, sobre todo en la vida privada, en época de pandemia. 

¿Qué ha pasado en Sinaloa durante estos dos años?  

Si bien se han incrementado el número de denuncias, no nada más porque existe mayor conciencia sobre la importancia de esta, por desgracia se han incrementado los delitos hacia las mujeres. Del 2020 y hasta el 30 de septiembre del presente año, según datos de obtenidos en la Fiscalía General de Sinaloa, se han incrementado las denuncias de violencia intrafamiliar (7,699), amenazas (1,274), daños culposos (1,028), daños dolosos (417) y violación (397), siendo los municipios de Culiacán (7,568), Ahome (4,380), Mazatlán (3,250) y Guasave (2,222) quienes más casos presentan, 4 de los 5 municipios con Alerta de Violencia de Género Contra las Mujeres en Sinaloa. En el caso de feminicidios, si bien han disminuido, estos siguen: 61 casos en dos años, siendo los municipios principales Culiacán (31), Ahome (8), Mazatlán (6) y Angostura, Guasave y Sinaloa con 3 cada uno. 

Tengo la esperanza que con los cambios hechos en la actual administración estatal, con la creación de la Secretaría de las Mujeres, liderada por una activista reconocida de la talla de Dra. Tere Guerra, se implementen estrategias y políticas públicas transversales que permitan realizar acciones concretas que ayuden a vivir a las mujeres una vida libre de violencia, en la cual se involucren todas las secretarías del estado así como los municipios y sus direcciones claves, en materia de prevención, concientización pero sobre todo, en un cambio cultural sobre las mujeres en nuestra sociedad.

Tengo la esperanza de que con el nombramiento de la primera mujer fiscal general de Sinaloa, Sara Bruna Quiñónez, se puedan por fin realizar las investigaciones y atención especializada a las víctimas de violencia, con perspectiva de género. 

Tengo la esperanza de que el Congreso del Estado se ponga las pilas para dotar de suficiente presupuesto en materia de erradicación de la violencia en contra de las mujeres, el cual vaya encaminado principalmente a salvaguardar nuestra seguridad y a capacitar a funcionarios en perspectiva de género. 

Pero sobre todo, tengo la esperanza de que los diferentes poderes y niveles de gobierno se acerquen con los colectivos feministas, escuchen y entiendan las necesidades que tenemos en materia de prevención, seguridad y crecimiento, con la intención de que nos vean como críticas al sistema, encaminadas a mostrar las grandes debilidades que se tienen y que se conviertan en áreas de oportunidad para mejorar las vidas de las mujeres de Sinaloa, dejándonos de estigmatizar, señalar, amedrentar o peor aún, minimizar nuestros reclamos con un “ánimo” en redes sociales.

Vivas y libres nos queremos.