OPINIÓN

Los peatones existimos en Culiacán

En cualquier parte de la ciudad, ¿han caminado 5 cuadras por banquetas sin que hayan tenido que bajarse de ella? Los peatones existimos en Culiacán, y somos todos al final del día

Créditos: Vivi Santana
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Culiacán, por mucho tiempo ha sido pensada como una ciudad para los autos y no para sus peatones, y esto no ha sido nada más por nuestros gobernantes, sino también por nosotros sus ciudadanos en actuares tan mínimos como el “necesito ir a la tienda, pero hace calor; iré en el auto”, cuando la tienda está a dos cuadras.

En cualquier parte de la ciudad, ¿han caminado 5 cuadras por banquetas sin que hayan tenido que bajarse de ella? Seguramente no. Las razones usuales: porque están en tan mal estado que, por seguridad es preferible caminar por la calle; porque fueron recortadas o invadidas por carros mal estacionados; por infraestructura urbana mal colocada; por negocios ambulantes o publicidad invasiva o porque vecinos decidieron extender su propiedad arbitrariamente (creyendo que la banqueta les pertenece). La falta de empatía sobre el bien público dificulta el caminar libre y seguro en nuestro Culiacán. 

¿Han cruzado cualquier calle sin terminar casi corriendo y esquivando autos o camiones que deciden frenar sobre el paso peatonal aún con todo y semáforo en rojo para ellos? Ni imaginar si tardamos dos microsegundos en llegar a la banqueta sin sentir el carro encima, aún y frente a las autoridades de tránsito. La agresividad y las distracciones al manejar, así como la falta de conciencia hacia y sobre el peatón se ve y queda demostrado en las estadísticas: un 24% de las personas lesionadas en siniestros viales durante el 2019 fueron peatones, 854 de los 3,543 para ser exactos (MAPASIN, 2021).  

El ser peatón y el caminar, beneficia a la ciudad. Los peatones contribuyen económicamente al consumir local, pues son más propensos a llegar a las pequeñas tiendas o negocios imposibles de acceder en carro. Contribuyen en materia de salud, ya que al caminar más, reducen los índices de sobrepeso y también al no manejar reducen el número de accidentes; así como también, reducen los índices de CO2 en el ambiente.

El echar andar la Pirámide de Jerarquía de Movilidad, establecida en la Ley de Movilidad Sustentable del Estado de Sinaloa, así como también en el Programa Integral de Movilidad Urbana Sustentable de Culiacán, avanza poco a poco en esta última administración municipal: el retiro de algunos puentes antipeatonales, la peatonalización de la calle Morelos y los pasos a nivel de banqueta establecidos en algunos cruceros peligrosos. Si bien esto molestó en un primer momento a muchos automovilistas que se sintieron afectados, hoy se han acostumbrado y sus razones de ser se han cumplido: pasos seguros para el peatón y reducción de accidentes.

El que existan más de 512,000 unidades de parque vehicular en la ciudad no es lo que complica el avance de la mejora de la movilidad urbana, sino la falta de entendimiento, respeto a la dignidad de los peatones, su movilidad y la cultura de la ilegalidad que impera. Urge legislar así como implementar políticas, estrategias y programas que fomenten un cambio de mentalidad respecto al peatón y el uso del automóvil, así como avanzar en desarrollar y fortalecer una cultura de la legalidad que vaya permeando en nosotros; exigir que la ley se cumpla y que haya sanciones acorde a la infracción cometida. A la par de esto, necesitamos recuperar nuestras banquetas, dotar de equipamiento e infraestructura a nuestras calles y, muy importante, dignificar y eficientar el sistema de transporte público, el cual pueda ser utilizado por todos. 

Los peatones existimos en Culiacán, y somos todos al final del día.