CULIACÁN

Querido Culiacán

Vivi Santana.Vivi Santana columnista Línea Directa Créditos: Vivi Santana
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Escrito en OPINIÓN el

Querido Culiacán,

Te escribo estas palabras el día de hoy porque quiero expresarte mi sentir después de dos años de aquel fatídico jueves negro. El imaginario en el que creíamos que vivíamos en nuestra ciudad y país, se nos vino abajo el 17 de octubre del 2019, el mal llamado Culiacanazo nos cimbró hasta el tuétano. 

No te he de mentir, los primeros días y semanas fueron horribles: el salir a la calle me provocaba ansiedad; leer o escuchar declaraciones de los actores políticos (de cualquiera de los órdenes de gobierno) sobre ese día me provocaba un encabronamiento que para qué les cuento, la pasividad y el silencio de su parte, el que minimizaran la situación, provocó un sentimiento de desolación y abandono; sentía como si nos hubieran clavado la daga en la espalda. Llegué a juzgar actuares, despotriqué contra personas que hacían alegoría a la narcocultura con sus hijos pequeños sin entender completamente el por qué de su actuar, sus historias, las razones del por qué lo hacían. 

Me resultaba difícil volver a la “cotidianidad”, una cotidianidad donde sabía que imperaba la pax narca, pero que, mientras se “respetara” el crimen organizado y el Estado, no afectaría a los ciudadanos; lo peor, en mi reclamo, por un momento abracé las frases “nosotros los ciudadanos buenos, ustedes los delincuentes, los malos; pero no importa, somos más los buenos que los malos”. El coraje, el miedo y la impotencia nubla la razón y lleva a la ESTIGMATIZACIÓN de nuestros mismos conciudadanos, de nuestra ciudad. 

¿Saben qué me ayudó a procesar todo el mal sabor de boca? En enero del año pasado, la Universidad de San Diego, en conjunto con la Universidad Autónoma de Sinaloa, Construyendo Espacios para la Paz y la Secretaría de Seguridad Pública de Sinaloa, lanzaron una nueva versión del Diplomado Internacional en la Construcción de Paz y decidí inscribirme. Durante 4 meses me deconstruí como ciudadana. No importa la gran cantidad de estudios que tengas, las intenciones, iniciativas y/o proyectos que hayas impulsado con anterioridad, debes de aprender, desaprender y nuevamente reaprender. La humildad es parte de ese proceso. Durante ese tiempo conocí y aprendí de grandes personas, y no me refiero nada más de los maestros que nos impartieron los cursos y talleres, sino de los mismos compañeros del diplomado, de sus historias de vida, de sus compromisos con la comunidad y no con grupos, de sus luchas día con día: de su búsqueda de verdad, de encontrar a sus desaparecidos, de lograr justicia para quienes ya no están; de construir un mundo justo, equitativo e igualitario, de proteger al desvalido, de recobrar, perdón, de darte paz y tranquilidad, a ti, querido Culiacán, como ciudad. En este diplomado entendí, gracias a tanta gente cuyas historias espero se compartan pronto, que si queremos lograr que tú, Culiacán, cambies y mejores, que te conviertas en la ciudad justa que sabemos que lo puedes ser, debemos de entender que no habemos buenos o malos, que son nuestras condiciones y orígenes sociales las que nos ponen en situaciones complejas que pueden terminar permeando en la tranquilidad de nuestra sociedad: no todos tuvieron la oportunidad de ir a la escuela, tener 3 comidas al día, disfrutar su infancia, vivir en un hogar seguro y protegido, que sé yo, los derechos mínimos necesarios para lograr tener una vida digna.

Querido Culiacán, estoy convencida que debemos de involucrarnos para hacer de ti una mejor ciudad, y eso se logra, haciendo mejores ciudadanos, con mejores oportunidades, rompiendo el círculo vicioso de la violencia, de la injusticia y la falta de oportunidades. Antes del jueves negro lo sabía, lo intentaba, pero lo olvidé ante el miedo. Mentiría si dijera que no soy temerosa, pero después de conocer a tantas mujeres y hombres valerosos, a tantos líderes idealistas que no se quedan con los brazos cruzados, me da más temor el quedarme inmóvil.

Debemos replantearnos el crecer como individuos y como comunidad, unidos, aprendiendo, respetando, exigiendo a nuestras autoridades y gobernantes, siendo justos, solidarios; haciendo de ti una ciudad justa, con paz y en verdadera paz.