México. La tendencia de convertir fotos personales al estilo Studio Ghibli ha conquistado internet en los últimos días, gracias a la integración de ChatGPT con generadores de imágenes como DALL·E. Pero, más allá del atractivo visual, esta práctica plantea interrogantes sobre privacidad y uso de datos.
Cuando los usuarios utilizan DALL·E a través de ChatGPT para generar imágenes, no solo acceden a una herramienta creativa, sino que también ceden voluntariamente sus fotos. A diferencia de plataformas que recopilan imágenes de la web, este proceso implica implicaciones legales y técnicas.
Según el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) en Europa, el consentimiento explícito permite a empresas como OpenAI almacenar y procesar esta información con mayor flexibilidad.
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El principal riesgo radica en la naturaleza de las imágenes compartidas. Al tratarse de fotos personales y únicas, muchas de las cuales nunca han circulado en espacios públicos, su uso por parte de terceros podría derivar en problemas de privacidad o incluso en el entrenamiento de futuras IA sin el conocimiento del usuario.
Si bien OpenAI establece normas sobre el almacenamiento y tratamiento de datos, aún persisten dudas sobre cuánto tiempo se conservan las imágenes y para qué fines exactos podrían utilizarse. Antes de sumarse a esta moda, es recomendable leer detenidamente las políticas de privacidad y considerar los riesgos asociados a compartir contenido personal en herramientas de inteligencia artificial.