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Pomuch, donde desenterrar a los muertos y limpiar sus huesos es parte de la tradición

Desde hace 18 años Venancio limpia los huesos de sus familiares, en especial, los de su abuelo, por lo que dice sentirse satisfecho y contento al llevar acabo esta tradición maya

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Ciudad de México.- Desenterrar a los muertos y limpiar sus huesos, para algunos suena a
espectáculo macabro o una historia de terror; pero para los habitantes
de la localidad de Pomuch, en Campeche, es una forma de honrar a sus
muertos y una tradición maya que vale la pena preservar.
?Sabemos que un día nos va a tocar la muerte, Dios nos tiene marcada
la hora y puesta la fecha, pero como no la sabemos, estamos presentes
para esperarla?, señala el sepulturero del panteón municipal maya de
Pomuch, Venancio Tuz, quien se gana la vida en el contacto diario con la
muerte.
Desde hace 18 años Venancio limpia los huesos de sus familiares, en
especial, los de su abuelo, por lo que dice sentirse satisfecho y
contento al llevar acabo esta tradición maya, ?ellos se sienten
contentos también con su limpieza, es como ir a una fiestecita?.
Sin embargo, también es su forma de ganarse la vida, ?hay gente que
me contrata para hacer el servicio a sus seres queridos?. Cobra 20 pesos
a la gente que lo solicita, previo al Día de Muertos, que es la fecha
que se acostumbra a llevar a acabo esta tradición y otras veces lo
llaman a algún entierro o a sacar alguna osamenta de los nuevos
difuntos.
Los huesos de los difuntos se depositan en pequeñas cajas de madera
en el interior de osarios (nichos), que se colocan dentro de coloridas
casitas, la familia decide el color, en general es similar al de su casa
familiar, a fin de que el difunto ?sienta el calor de hogar?.
Aquí, los muertos no espantan, no hay miedo a la muerte, se le espera
ansiosamente, donde los últimos mayas cobran vida, los cuales están
depositados en pequeñas cajas de maderas en el interior de osarios.
Al norte del estado, en el llamado camino real entre San Francisco de
Campeche y Mérida, Pomuch forma parte del municipio de Hecelchakán.
A 53 km de su capital, se localiza Pomuch, un pueblo que se rige por
usos y costumbres, por lo que esta tradición de origen maya se ha
fusionado con varios elementos de la iglesia católica, protagonizando un
sincretismo sin igual.
Para sus habitantes es normal esta tradición y en absoluto significa
profanación, luego de que bajo el régimen de usos y costumbres, la ley
permite a los pobladores exhumar y exponer los restos óseos de sus
muertos después de tres años de su entierro.
A los tres años de fallecido se exhuman los cuerpos de las bóvedas y
se trasladan a las ?cajitas? ya sean de madera o cartón, donde se
colocan los huesos de los difuntos.
Venancio relata que el permiso para sacar los restos se tramita en la
presidencia municipal, ?a veces hay familias que no están contentos
entre los hermanos, entonces, si hay algún problema, el documento del
permiso nos respalda?.
La convivencia con la muerte es parte de su cotidianidad, dijo, por
lo que no es presa fácil de espantos, ?yo les digo que no les estoy
faltando al respeto, que le estoy haciendo un favor, entonces no me
tienen que hacer el espanto?.
El cementerio, en cuya entrada principal reza escrito ?Silencio y
Respeto?, no ha estado exento del robo de huesos debido a que éstos
están a la intemperie durante todo el año. Se pide silencio para estar,
podemos platicar pero sin pleitos, sin problemas, se trata de que estén
todos alegres haciendo los trabajos aquí en la casa.
Por las noches se cierra el panteón para evitar que entren animales; y
aunque no es común, ha habido el robo de algunas piezas: ?a una señora
le robaron la cabeza a la pobre, pero se lo entregamos a Diosito, a
Diosito no lo puedes engañar, podemos engañar a otras personas pero al
que está arriba no, dicen que el que hace mal, mal le va?, sentencia el
locatario José Alfredo Yam.
El matrimonio conformado por José Alfredo Yam Vargas y María Cristina
Pool Hasson es una muestra viva de la tradición de quitarle el polvo a
los huesos con la ayuda de brochitas o cepillos pequeños.
Alfredo con tono desenfadado en medio de una atmósfera donde el
misterio es inevitable, señala que la limpieza de los restos es todo un
ritual.
?Primero se sacan todos los huesos junto con el mantel antiguo y se
comienzan a limpiar de las extremidades inferiores como los de los pies,
piernas, coxis; y se termina con la parte más importante para el ser
humano, la cabeza o cráneo, de esta forma, es colocado sobre todos los
huesos de forma tal que quede frente a la pequeña entrada del osario?.
María Cristina, impecable con traje típico del lugar, cada día de
muertos llega al cementerio a limpiar los osarios de sus padres, su
hermana y su nieto con la ayuda de su esposo, José Alfredo.
?Cada año desde que me casé con ella, hace 42 años. Hay que estar
bien con la suegra, cuidar a la suegra, si por la suegra está su hija y
por su hija estoy acá?. La señora Tomasa murió cuando María Cristina
tenía sólo ocho años.
?Mi mamá murió con 40 años, se nota en el cabello. La cabeza se
limpia bien y se sacude pero no se peina porque se desbarata?. Una
peineta y dos dientes son los elementos que resaltan en doña Tomasa.
Por su parte, su esposo José Alfredo con buen ánimo, toma una pieza
que a su parecer es el fémur y resalta ?cuando yo me muera no voy a ser
así, voy a hacer que me peguen las piezas con pegamento para que sea una
sola pieza?.
Su esposa María Cristina ríe y le responde, ?hay que hacerlo?. Llegando ese día, hay que ir y hay que hacerlo.
José Alfredo explica que a los tres años de la inhumación la persona
ya no tiene carne, siempre y cuando haya sido por muerte natural, es
decir, que ?no haya tomado mucha penicilina o medicina, pero cuando una
persona desde jovencita toma medicinas es probable que no se haya
desintegrado?.
Es el caso de su abuela, que luego de tres años de su muerte la
sacaron, todavía tenía partes de carne, ?estaba seco, pero tuvieron que
cortarlo para poder limpiarlo. Pero cuando muere uno sin nada de
medicina, está listo?, relata José.
En el caso de la ropa, menciona ?compramos tela y la cosemos, y así
limpiecita se la traemos, es lo que hacemos nosotros hasta hoy?.
?Estamos acostumbrados a hacerlo y si no venimos a cambiarlos nos
sentimos mal, ellos dicen van a venir a visitarnos y necesitan ropa
nueva y eso es lo que nosotros cambiamos cada año?.
Las telas se bordan con el nombre del difunto y se adornan con
flores, palomitas, cruces; en sí, ?lo que a nosotros nos guste, lo que
nosotros sentimos y nos parezca bonito?, comenta María Cristina.
El matrimonio Yam Vargas relata que llegado su momento también les
gustaría que fueran limpiados por sus hijos, quienes en estos momentos
ven el ejemplo de como se realiza dicho ritual con sus familiares ya
fallecidos.
La tradición de muertos en Pomuch también consiste en poner comida a
los difuntos, se pone el altar con el ?pibipollo? (comida típica de la
región), con todos los tipos de dulces y después una botellita o
cerveza, mientras llegan las rezadoras y después del rezo, donde
predomina el rosario, se reparte todo lo que hay en la mesa.
En estos días en el cementerio de Pomuch se pueden observar los
nichos en los cuales resaltan los cráneos, por lo que son su carta de
presentación y una forma viva de dar vida a la muerte.

Fuente: Internet

Fotografía de perfil de Liz Douret

Liz Douret

Editor de Contenidos

Liz Douret

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