México.- Si ponemos una rana en una olla de agua hirviendo, la rana intentara saltar para escapar. Pero si la olla está en la estufa y llen de agua fría, la rana irá ajustando su temperatura corporal conforme a como la del agua vaya aumentando.
Justo en el momento antes de que hervir el agua, la rana ya no podrá ajustar su temperatura corporal, sin embargo, habrá gastado todas sus energías tratando de adaptarse al calor que no le quedará fuerzas suficientes para salta… Morirá.
Esta es una fábula de Olivier Clerc que se convirtió en un experimento real que demostró que si el agua se calienta a 1,2 grados cada hora, la rana permanece dentro del agua y muere
Esto nos demuestra los peligros de la sobre adaptación, el conformismo y la falta de autoconocimiento.
Estamos presentando el síndrome de la rana hervida cuando nos adaptamos de manera consciente o inconscientemente a eventos, personas o relaciones que nos resultan perjudiciales y que de alguna manera no favorecen nuestro bienestar mental, emocional o físico
Todos conocemos a alguien que nunca se queja, que se adapta a lo que sea, que no discute y que “traga” con casi todo. A estas personas las solemos llamar “santas” o “buena gente”, aunque lo que correcto sería llamarlas “ranas hervidas”.
Este tipo de conductas híper-adaptativas, mansas y sumisas, que suelen ser percibidas como virtudes (sobre todo si nos referimos a una mujer), suelen ser el resultado de una baja autoestima y de falta de amor propio.
El psicólogo y terapeuta humanista Juan José Díaz Iribe indica que durante su carrera ha corroborado el síndrome de “la rana hervisa” en muchas personas confunden el amor hacia otra persona con el olvidarse de sí mismos, y no están siendo capaces de enfrentar la realidad de una situación porque les da miedo o les resulta doloroso.
Explica que, en relaciones de la pareja, estaríamos hablando de aquellas personas que se quedan en situaciones en las que se presenta algún tipo de dependencia, desigualdad o abuso emocional, psicológico, físico o económico.
Pero, ¿Por qué no saltamos de la olla? Algunas de las razones por las que no reaccionamos a tiempo ante lo que nos provoca un daño. La rana hervida, muere
1.- Minimizar, no dar la importancia necesaria al malestar o excusarse en que los enfrentamientos «no valen la pena» o «no sirven para nada».
• No darnos cuenta o no querer la realidad debido a las expectativas que hemos creado sobre algo o alguien.
• Por la esperanza de que la situación cambiará con el tiempo.
• Por resignación, ya sabes “más vale malo por conocido, que bueno por conocer”
• Por la falta de autoconocimiento. Esto nos impide darnos cuenta qué nos hace daño o cuáles son nuestras verdaderas necesidades.
• Por no creernos con suficientes recursos o por pensar que no tenemos otra opción que la de quedarnos en esa situación.
• Cuando las cosas van cambiando de manera lenta y nos es difícil darnos cuenta del momento en el que empiezan a cambiar.
Juan José Díaz Iribe, indica que en ocasiones, somos nosotros mismos los que nos ponemos en la olla y encendemos la estufa. Acabamos por desconectarnos y hacer invisibles nuestras necesidades, deseos y emociones reales.
El miedo, la inseguridad, la incertidumbre, la baja autoestima, la resignación y la comodidad de lo conocido, son las emociones detrás de este tipo de conductas
El especialista indica que es cierto que no siempre podemos cambiar las circunstancias porque puede ser que no dependa de nosotros. Pero lo que sí podemos hacer, es hacernos responsables con la parte que nos corresponde, en tomar conciencia de nosotros mismos, de nuestras necesidades y en cómo nos enfrentamos a estas circunstancias.
Permanecer en algo que nos daña es indicador de que estamos auto engañándonos, escondiendo emociones, o solamente (en el mejor de los casos) que hemos aprendido a gestionar el malestar que nos produce.
Si permitimos que algo nos dañe, en realidad nos estamos dañando a nosotros mismos. Si no ponemos límites a aquello que nos perjudica, nos estamos abandonando…
¿Y cómo podemos evitarlo?
• Permanecer en un estado de atención interna, que permita detectar a tiempo que «el agua se está calentando».
• Aprender a distinguir cuándo es necesario adaptarse y cuándo no, cuándo resulta sano y cuándo solamente es fruto de la inconciencia, el miedo o la comodidad.
• No crear expectativas y asumir que no se puede cambiar a nadie.
• Aceptar la realidad tal y como es, en el presente, y tomar conciencia de cómo nos afecta.
• No aguantar situaciones con la esperanza de que cambien o por «quedar bien”.
• Marcarse límites en lo personal, laboral, etc… y mantenerse fiel a ellos.
• Atreverse a saltar de la olla y ocuparse de aquello que resulta perjudicial, ya sea una persona, una situación o uno mismo. Si tenemos dificultades o no sabemos cómo hacerlo, buscar ayuda terapéutica
El miedo o la incertidumbre son emociones normales que se sentimos cuando hacemos cambios en nuestra vida o nos enfrentamos a lo que nos daña.
Saber cómo sostenerlas y otorgándonos el derecho a estar bien, nos ayudará a recordar que al saltar de la olla nos estaremos respetando, valorando y amándonos a nosotros mismo.
Si tienes alguna duda o requieres una terápia comunícate con Juan José Díaz, psicólogo y psicoterapeuta humanista al teléfono 6671313403.