NAUFRAGIO

Chuy sabe lo que es estar a la deriva; este sinaloense vivió 9 meses de naufragio muy lejos de su tierra

Este es uno de los hechos más increíbles de la historia de los naufrágios, sucedió en 2005 y tuvo un “final feliz” 9 meses después; un sinaloense sobrevivió de milagro, su embarcación salió de San Blas y terminó en Micronesia

Escrito en MÉXICO el

México.- Una de las historias más increíbles de todos los tiempos en cuanto a naufragios se refiere, fue protagonizada por tres hombres, uno de ellos de Sinaloa, Jesús “Chuy” Vidaña, quien nunca sabrá cómo en una sola noche y debido al mal tiempo, su vida daría un giro tremendo llevándolo de San Blas, Nayarit, hasta el otro lado del mundo, las Islas Marshall, en Micronesia. 

Los hechos sucedieron en el año 2005 cuando, junto a un grupo de pescadores, tomaron su embarcación y se enfilaron al mar en busca de sustento; en ese momento la vida para él y sus acompañantes ya no fue la misma, ya que además de un naufragio de 9 meses en la que lucharon como pudieron, al ser rescatados sufrieron el otro lado de la moneda: el descrédito, las críticas y dudas. 

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Jesús Vidaña (camiseta blanca)

Jesús Vidaña, mejor conocido como “Chuy” es el sinaloense que se embarcó en esta travesía que, a 16 años de distancia aun es recordada como uno de los naufragios más fuertes, difíciles y dolorosos, que en condiciones paupérrimas duró mucho más que la travesía de Cristobal Colón para llegar a América. 

Lucio Rendón, Salvador Ordoñez y Jesús Vidaña, dieron cuenta de esta odisea difícil de creer, pero muy real, así como los dolorosos días y noches que en aquella lancha destechada de 9 metros de largo, con el motor roto, sin velas ni timón, vivieron y que tuvieron punto final al ser encontrados en un punto de la Micronesia situado entre las Islas Marshall y las Islas Kiribati. 

Junto a más personas que fueron muriendo durante el naufragio, estuvieron en el mar desde el 28 de octubre de 2005 hasta el 9 de agosto de 2006; sobrevivieron comiendo pescados y pájaros crudos y bebiendo agua de lluvia.

Zarparon al mediodía de Boca del Asadero del puerto de San Blas, perdieron el norte debido al mal clima y el viento los fue adentrando a aguas cada vez más profundas en donde los mantuvo por varios meses hasta el 9 de agosto cuando una embarcación mayor los localizó, en los huesos, casi a punto de morir. 

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En ese entonces Lucio Rendón, de 27 años cumplidos fue el primero en identificarse, su aspecto era cadavérico y se veía mucho mayor a su edad. 

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Jesús Vidaña de 27 años, casado y con una hija más uno más en camino, fue el segundo; el Sinaloa vivía en ElDorado y la pesca era su modo de vida. 

Salvador Ordóñez, a sus 37 años, el más “chaparrito” trabajó siempre en el mar, ese que hoy le daba miedo y que le hacía encomendarse a Dios a cada momento. 

Lo que la empieza mal acaba, pero eso no lo sabían estos tres pescadores que la noche de aquel viernes 28 de octubre y para pescar tiburón violaron todo el reglamento exigido por las leyes mexicanas a las embarcaciones de hasta 10 metros de eslora (la suya tenía nueve).

Salieron sin el equipo requerido como: chalecos salvavidas, heliógrafo, botiquín y GPS, luces de bengala de 15 mil candelas, con un juego de remos, extintor portátil ABC de un kilogramo, radio bidireccional y receptor de información meteorológica. En cambio, apenas contaban con una brújula de Vidaña, una Biblia de Salvador Ordóñez y un reloj Casio de plástico de Lucio. De todo eso se darían cuenta al amanecer, ya con las Islas Marías fuera del alcance de la vista.

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Tampoco llevaban agua, ni algún dulce extraviado en un bolsillo, su último alimento fue una torta de jamón antes de salir del puerto, según cuenta la historia publicada por el periodista Rubén Cortés en la revista Nexos sobre este caso. 

Durante su travesía los pescadores indicaron que vieron muchos barcos y aviones, pero ninguno los vio a ellos, por eso su historia no concluyó antes, hasta aquel 9 de agosto de 2009.

En un día de buena pesca podían disfrutar de pescados, que reservaban por si luego no había nada; el agua de lluvia fue lo que los salvó, pero también la sangre, de la que se estuvieron abasteciendo, y no solo la de las aves o peces, también la propia. 

Todo cambió una noche de agosto, sin estrellas y sin luna, en la que estaban tratando de conciliar el sueño. Cada uno pensaba que el otro se había dormido cuando Salvador dio un brinco.

“Hermanos: nunca piensen ‘este es mi último día’ ”, les dijo. Y se volvió a acostar. Por la mañana se despertó al escuchar un borboteo parecido del agua mientras hierve. Lucio y Vidaña dormían. El borboteo aumentó y él, arrodillado, se asomó por la borda y miró: a medio kilómetro había un barco con los motores encendidos a media máquina. Era verde, azul y blanco, con un número seis grande y de color rojo: el Kusskaooss. Una lancha pequeña, con dos hombres a bordo, se acercaba a la panga. Comprendió que venían a rescatarlos y empezó a agitar las manos y a gritar. Era el 9 de agosto de 2006.

“Habían recorrido ocho mil kilómetros durante 280 días con sus noches y traspasado la línea del tiempo: un umbral invisible que las cartas de navegación llaman Internacional Date Line y que no es más que el punto cero o la medianoche mundial”.

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Todo eso para llegar a donde estaban: cerca de las Islas Marshall, un conjunto de 64 islas que está frente a Japón, muy arriba de Australia y a seis mil kilómetros de Nueva Zelanda.

La vida de estos tres hombres ya no era la misma, fueron dados por muertos y su “regreso a la vida” tuvo desasegunes, dudas, críticas, entre otras cosas, lo cierto es que ellos sobrevivieron y como bien lo dijo uno de ellos “su intención nunca había sido generar tanto alboroto”, ellos se perdieron buscando el sustento y no llevar drogas como muchos supusieron. 

Esta historia fue vendida por los pescadores a una reconocida productora de cine, la historia se filmó quizá no con los resultados esperados, pero ellos después de su naufragio, de las puertas cerradas y de una odisea que no se olvida, lograron sacar un poco de lo que 9 meses en el mar, les quitó. 

La historia de Rubén Cortés en Nexos, publicada en enero de 2007 fue altamente reconocida y puedes verla completa aquí 

LOS PESCADORES PERDIDOS