Washington, D.C. — El presidente estadounidense Donald Trump admitió en una reciente entrevista que los trabajadores migrantes, cuya expulsión ha sido eje de su política migratoria, son difíciles de reemplazar en sectores fundamentales como la agricultura, hotelería y el entretenimiento.
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“No se pueden sustituir fácilmente…la gente de las ciudades no hace ese trabajo. Lo hemos intentado. No lo hacen. Estas personas (los migrantes) lo hacen de forma natural”, declaró Trump a CNBC, al reconocer la paradoja de expulsar a quienes desempeñan labores esenciales para la economía estadounidense.
Este giro discursivo ocurre en medio de una caída de 1.7 millones de empleos ocupados por extranjeros en tan solo cuatro meses, según cifras oficiales. El impacto se siente especialmente en granjas, centros turísticos y hoteles, donde la falta de personal comienza a afectar la operación diaria.
Aunque Trump subrayó que su política migratoria “busca sacar criminales”, también aseguró que se están diseñando nuevas reglas para proteger al sector agrícola, e incluso insinuó la posibilidad de que ciertos migrantes regresen legalmente mediante permisos especiales.
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Para algunos analistas, estas declaraciones evidencian la tensión entre el discurso de control migratorio y la realidad económica. En estados agrícolas, como California o Texas, los empleadores advierten sobre cosechas en riesgo y sobrecostos operativos ante la falta de mano de obra especializada.