Estados Unidos. Desde la base de Fort Bragg, Carolina del Norte, el presidente Donald Trump encabezó una ceremonia conmemorativa por los 250 años del Ejército de Estados Unidos, rodeado de tropas activas y acompañado por el secretario de Defensa, Pete Hegseth.
En paralelo, el clima político se tensó en el sur de California. Las protestas contra las redadas migratorias, iniciadas el viernes en Los Ángeles, provocaron una respuesta enérgica del gobierno federal. Trump ordenó el envío de 700 infantes de marina y cuatro mil efectivos de la Guardia Nacional a la ciudad, decisión que fue duramente rechazada por el gobierno estatal, de mayoría demócrata, que la calificó como innecesaria y provocadora.
Te puede interesar leer: Marines refuerzan presencia militar en Los Ángeles; 700 elementos se unen a la Guardia Nacional
Ante ello, el presidente defendió el despliegue militar alegando motivos de seguridad, señalando la necesidad de proteger instalaciones y personal federal. Durante su discurso en Fort Bragg, fue más allá: describió las protestas como un “ataque total” contra la paz pública y afirmó que Los Ángeles enfrenta una “invasión de un enemigo extranjero”.
Además, Trump lanzó una advertencia a quienes planeen manifestarse durante el desfile del sábado en la capital: “Van a ser recibidos con una fuerza muy grande”, aseguró. Sin embargo, tanto el FBI como la Policía Metropolitana descartaron la existencia de amenazas creíbles contra el evento.
La postura del presidente refuerza su narrativa de “ley y orden”, marcada por un uso constante de símbolos patrióticos y un tono combativo frente al descontento social.