Estados Unidos. En una nueva escalada de su política contra el crimen y la inmigración, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró varias ciudades gobernadas por demócratas como “zonas de guerra”, autorizando el despliegue de tropas federales y de la Guardia Nacional. La medida generó protestas, demandas judiciales y un rechazo generalizado entre líderes locales.
Chicago fue una de las más afectadas, con el envío de 300 soldados pese a la oposición del gobernador de Illinois, J.B. Pritzker, quien acusó a la Casa Blanca de “crear caos deliberado” para justificar la militarización. A nivel nacional, un sondeo indicó que solo el 42 por ciento de los estadounidenses respalda la presencia militar en las calles, mientras el 58 por ciento la desaprueba.
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En Oregón, una jueza federal bloqueó el despliegue de tropas en Portland al considerar que la medida violaba la Constitución. Trump insistió en que “las ciudades están en guerra”, aunque sin ofrecer pruebas. Su asesor Stephen Miller calificó el fallo judicial como una “insurrección legal”.
California también respondió con fuerza. El gobernador Gavin Newsom y el fiscal general Rob Bonta anunciaron demandas contra la administración republicana, acusando al presidente de usar al ejército como “arma política”. “Esta es nuestra Guardia Nacional, no la Guardia Real de Trump”, dijo Bonta.