MÉXICO.- Aunque para muchos resulta difícil de imaginar, existen países en el mundo que han tomado la decisión histórica de no contar con fuerzas armadas que sean permanentes. En lugar de mantener ejércitos, estas naciones han optado por modelos de seguridad basados en la diplomacia, la cooperación internacional, acuerdos de defensa y el fortalecimiento de fuerzas policiales internas. Esta elección les ha permitido priorizar la inversión de recursos públicos en áreas como educación, salud, infraestructura y sobre todo en el desarrollo social.
Uno de los ejemplos más emblemáticos es Costa Rica, que abolió su ejército en 1948 tras una guerra civil. Desde entonces, el país centroamericano se ha convertido en un referente internacional al destinar el presupuesto militar a la educación y la salud, logrando altos índices de desarrollo humano y estabilidad democrática. Islandia, por su parte, no cuenta con un ejército permanente y basa su defensa en acuerdos estratégicos con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), además de la presencia aliada cuando la situación lo requiere.
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Otro caso relevante es Panamá, que eliminó sus fuerzas armadas después de 1989. Actualmente, su Constitución prohíbe la existencia de un ejército, limitando la seguridad nacional a cuerpos policiales y de protección civil enfocados en el orden interno y la seguridad ciudadana.
El vaticano se une a la lista de los que no cuenta con un ejército
Existen también países con características particulares, como el Vaticano, que no posee un ejército convencional y cuya seguridad está a cargo de la Guardia Suiza Pontificia, mientras que su defensa externa depende del Estado italiano. Mónaco mantiene únicamente fuerzas policiales y ceremoniales, delegando su protección militar a Francia, mientras que Andorra garantiza su seguridad externa mediante tratados con Francia y España.
A esta lista se suman naciones como Liechtenstein, Nauru, Palaos, Micronesia, Islas Marshall, Kiribati, así como varios países del Caribe, entre ellos Granada, Santa Lucía y San Vicente y las Granadinas, que han prescindido de ejércitos permanentes y confían en acuerdos regionales e internacionales.
Estas decisiones demuestran que, aunque no se trata de un camino sencillo, algunos países han optado por la cooperación internacional, la diplomacia y la paz como pilares fundamentales de su seguridad nacional, desafiando el modelo tradicional de defensa militar.
