Sudán. La guerra en Sudán ha dejado de medirse únicamente en enfrentamientos armados y territorios disputados. Hoy, las cifras que estremecen al país tienen rostro infantil. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) alertó que, de no reforzarse con urgencia la ayuda internacional, más de 900 mil niños podrían sufrir desnutrición aguda grave en 2026. El pronóstico ya es alarmante: al menos 825 mil menores estarían en esa condición extrema.
Durante una conferencia reciente, el portavoz del organismo, Ricardo Pires, describió el escenario como el más crítico del planeta en términos de sufrimiento infantil. Según explicó, ningún otro país enfrenta actualmente un deterioro comparable en la vida de sus niños. La violencia prolongada ha arrasado con la infraestructura básica y el sistema sanitario opera a mínima capacidad: alrededor del 70% de los centros de salud han dejado de funcionar, limitando la atención tanto para menores como para adultos.
Un informe de Naciones Unidas difundido el 6 de febrero identifica al estado de Darfur Norte como uno de los epicentros del desastre. En Um Baru, más de la mitad de la población infantil muestra signos de hambruna; en Kernoi, el 34% de los niños enfrenta la misma situación, mientras que en Al Tina la cifra alcanza el 20%. Son indicadores que reflejan una emergencia alimentaria que no da tregua.
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El deterioro se profundizó tras la toma de Al Fasher por parte de las Fuerzas de Apoyo Rápido, a finales de octubre, luego de un asedio de 18 meses. Desde entonces, unas 127 mil personas han huido hacia áreas cercanas a la frontera con Chad, ampliando el radio de inestabilidad. Miles de niños permanecen atrapados en zonas de alto riesgo, en un contexto donde se anticipa una posible batalla decisiva por el control de Darfur.
La ayuda humanitaria, aunque presente, no logra cubrir las necesidades más urgentes. En Um Baru, apenas uno de cada cuatro menores con desnutrición aguda grave ha recibido apoyo; en Kernoi, la cobertura desciende a 14%. Las limitaciones de acceso, la inseguridad y la escasez de recursos han impedido una respuesta proporcional a la magnitud de la crisis.
¿Por qué la crisis infantil en Darfur podría agravarse aún más en los próximos meses?
Porque el hambre no actúa sola. En Al Tina, casi la mitad de los niños ha padecido recientemente fiebre, diarrea o infecciones respiratorias. La baja cobertura de vacunación, el consumo de agua contaminada y la ausencia de servicios médicos funcionales crean un entorno donde la desnutrición se combina con enfermedades infecciosas, elevando de manera significativa el riesgo de mortalidad infantil.
Un sistema sanitario al borde del colapso total
La emergencia alimentaria es inseparable del derrumbe del sistema de salud. Con siete de cada diez centros médicos fuera de operación, millones de personas han quedado sin acceso a diagnósticos y tratamientos básicos. La falta de personal, medicamentos e infraestructura no solo agrava las cifras actuales, sino que anticipa un impacto duradero en toda una generación de niños sudaneses que crece en medio de la guerra y la precariedad extrema.