Japón. Un sismo de magnitud 6,2 se registró la mañana de este martes en el oeste de Japón, provocando una fuerte sacudida que alarmó a la población en varias zonas urbanas, aunque sin dejar víctimas ni daños estructurales relevantes. Las autoridades descartaron desde los primeros minutos cualquier riesgo de tsunami, lo que contribuyó a reducir la tensión entre los habitantes de la región.
La Agencia Meteorológica de Japón (JMA) informó que el movimiento telúrico ocurrió a las 10:18 horas locales, con epicentro en el este de la prefectura de Shimane y a una profundidad aproximada de 10 kilómetros. La intensidad alcanzó el nivel 5 en la escala sísmica japonesa, un parámetro que evalúa el impacto del temblor en la superficie y su capacidad de generar afectaciones.
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Tras el evento principal, se produjeron varias réplicas en la misma zona. La más significativa se registró unos diez minutos después y alcanzó una magnitud de 5,1, manteniendo en alerta a las autoridades y a la población, aunque sin que se emitieran nuevas advertencias de emergencia.
El sismo también tuvo efectos momentáneos en los servicios de transporte. La compañía ferroviaria JR West reportó retrasos temporales en la línea del tren bala que enlaza Osaka con Fukuoka, luego de que se produjera un corte de energía. Las operaciones comenzaron a normalizarse tras las inspecciones de seguridad de rutina.
¿Existe algún riesgo para las instalaciones nucleares cercanas?
Las empresas responsables de la operación de centrales nucleares en la región activaron de inmediato sus protocolos de revisión. Tanto la planta de Shimane, situada a unos 40 kilómetros del epicentro, como la central de Ikata continuaron funcionando con normalidad, mientras se verificaban sistemas eléctricos y de enfriamiento, sin que se reportaran fallas o incidentes.
Las autoridades y compañías eléctricas confirmaron finalmente que no se detectaron anomalías en las instalaciones nucleares cercanas al epicentro. Los sistemas de seguridad respondieron conforme a lo previsto y las plantas operan sin alteraciones, reafirmando la capacidad de Japón para enfrentar fenómenos sísmicos en un país acostumbrado a convivir con terremotos debido a su ubicación en el Anillo de Fuego del Pacífico.