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?Recordarán mi nombre?, dijo copiloto, según ex novia

La fiscalía francesa cree que Lubitz estrelló a propósito el avión de Germanwings, con 150 personas a bordo, contra una montaña el pasado martes. El lugar donde cayó el avión está a 50 kilómetros del campo de vuelo de Sisteron.

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Bruselas, Bélgica.- Andreas Lubitz siempre quiso volar. Desde muy joven aprendió a manejar aviones planeadores en el club de vuelo LSC Westerwald de Montabaur, su localidad natal de apenas 12 mil habitantes en la región de Renania-Palatinado, al norte de Fráncfort. Lubitz visitó de niño un campo de vuelo sin motor cerca del lugar del siniestro, según un miembro del club de planeadores.Francis Kefer, miembro del club en la localidad de Sisteron, dijo a la cadena i-Tele que la familia de Andreas Lubitz y otros miembros del club de planeadoras de su localidad natal en Alemania, Montabaur, visitaron la zona de forma habitual entre 1996 y 2003. La fiscalía francesa cree que Lubitz estrelló a propósito el avión de Germanwings, con 150 personas a bordo, contra una montaña el pasado martes. El lugar donde cayó el avión está a 50 kilómetros del campo de vuelo de Sisteron. Joven deportista ?participó en varias carreras populares, como medios maratones?, su vida fue la de cualquier joven de clase media con la característica de que su afición, el vuelo, se había convertido en su profesión. Sus vecinos y compañeros de trabajo no veían más que a un joven normal, buen compañero, sonriente. Y para su empresa era ?un piloto impecable?, como dijo el jueves el presidente de Lufthansa ?casa matriz de la línea de bajo coste Germanwings? Carsten Spohr. Pero Andreas tenía algo oculto. Un problema que supo esconder incluso a los controles médicos periódicos que como piloto debía pasar obligatoriamente ?el último el pasado enero?pero que nunca solucionó del todo. Tras el club de vuelo, Andreas entró en la escuela de pilotos de Lufthansa en Bremen en 2007. En 2009 suspendió durante seis meses su formación como piloto, según la prensa germana por una crisis nerviosa o una depresión. Años después completaría su formación con un curso en el centro de pilotos que Lufthansa tiene en Arizona, e incluso consiguió una autorización de piloto estadounidense. El diario alemán Bild aseguraba el viernes que la baja médica se debió a ?un grave episodio depresivo? y a ?una crisis de angustia?, que paró sus estudios de piloto durante seis meses e hizo que estuviera bajo seguimiento psiquiátrico otro año y medio. En septiembre de 2013, justo cuando empezó a volar para Germanwings, su nombre apareció en la revista Aviation Business Gazette, que reconocía su excelente formación como piloto. Desde hacía meses estaba en tratamiento psicológico y su doctor le había dado la baja médica, así que sabía que no podía volar, pero siguió haciéndolo. Ese papel con la baja médica lo encontró roto la policía en la casa donde vivía con sus padres. ?Un día haré algo que cambiará todo y entonces todo el mundo sabrá mi nombre y lo recordará?, habría dicho a su novia, una joven azafata, informó el sábado el diario alemán Bild. Otros medios, entre ellos el británico The Times, aseguraban el viernes que su novia le había dejado hacía poco y que buscó asesoramiento psicológico profesional para superar la ruptura. También que Lufthansa sabía del estado depresivo del copiloto, según el diario Frankfurter Allgemeine Zeitung, que sufría ?síndrome de fatiga profesional?. Pero la Fiscalía alemana negaba ayer esa supuesta ruptura sentimental y aseguraba que Andreas mantenía una relación amorosa desde hacía años. De hecho, un investigador francés dijo ayer a una televisora de su país que la posibilidad de que el copiloto de Germanwings sufriese un trastorno psicológico no es la única pista que se está investigando en el siniestro del avión que el martes causó la muerte a 150 personas en los Alpes franceses. ?Por el momento no se puede descartar la hipótesis de un fallo técnico?, dijo Jean-Pierre Michel, que trabaja con los investigadores en Düsseldorf. Las investigaciones prosiguen, pero siguen faltando ?detalles técnicos?, añadió el investigador. El sábado, el diario The New York Times citó a funcionarios que dijeron que Lubitz había buscado además tratamiento por problemas de visión que pudieron haber puesto en riesgo sus destrezas para trabajar como piloto. Fiscales y policías alemanes declinaron emitir comentarios sobre los reportes de los medios, y agregaron que no entregarían declaraciones oficiales sobre el caso antes del lunes. Andreas, que según la Fiscalía de Düsseldorf no escribió ninguna carta ni correo electrónico que pudiera adivinar sus intenciones, no quiso dejar este mundo sin otro vuelo y decidió poner fin a su vida llevándose consigo las de otras 149 personas. Pero Lubitz deja inquietud: no era un terrorista, era un tipo anodino al que le gustaba hacer deporte y la música electrónica, uno de tantos miles de jóvenes pilotos, con la característica especial de que supo esconder sus problemas médicos para conseguir su sueño: ser piloto. Y que un día, 30 minutos después de despegar de Barcelona hacia Düsseldorf, decidió que quería morir matando a 149 inocentes. Tal vez nunca se sepa la causa última que provocó la actuación de Lubitz. SA

Fuente: Internet

Fotografía de perfil de Liz Douret

Liz Douret

Editor de Contenidos

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