Irán. A poco más de dos semanas del inicio de las movilizaciones en Irán, el saldo de la represión continúa creciendo. Organizaciones defensoras de derechos humanos reportan que al menos 538 personas han muerto desde finales de diciembre, en el marco de protestas que comenzaron como reclamos por la crisis económica y derivaron en una confrontación directa con el poder político y religioso del país.
La organización Human Rights Activists News Agency (HRANA), con sede en Estados Unidos y crítica del régimen iraní, sostiene que la mayoría de las víctimas mortales son manifestantes. No obstante, también ha documentado la muerte de elementos de las fuerzas de seguridad, lo que refleja un escenario de enfrentamientos constantes y un uso intensivo de la fuerza por parte del Estado.
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Entre los fallecidos se encontrarían al menos ocho menores de edad, de acuerdo con HRANA. La ONG subraya que las cifras no son definitivas y podrían aumentar conforme se confirmen reportes provenientes de distintas regiones, en un contexto marcado por limitaciones para el acceso a información independiente.
Además del elevado número de víctimas, la respuesta de las autoridades ha incluido detenciones a gran escala. Más de 10 mil 600 personas han sido arrestadas desde el inicio de las protestas, entre ellas 160 menores y al menos 52 estudiantes, según los registros de la organización. A esta situación se suma un apagón casi total de internet y de las telecomunicaciones en amplias zonas del país, lo que ha dificultado el seguimiento y la verificación de los hechos.
¿Qué factores explican la rápida expansión y la intensidad de las protestas en Irán?
El alcance de las manifestaciones y su propagación por más de un centenar de ciudades apuntan a causas más profundas que un detonante inmediato, de acuerdo con analistas y defensores de derechos humanos.
Un malestar social que desbordó el reclamo económico
Las protestas surgieron por el encarecimiento de la vida y el deterioro de las condiciones económicas, pero con el paso de los días evolucionaron hacia un movimiento más amplio que cuestiona directamente a la República Islámica y al liderazgo del ayatolá Ali Jameneí. La ausencia de canales institucionales para expresar el descontento y una respuesta basada en la represión han contribuido a la persistencia y extensión de los disturbios en todo el país.