Estados Unidos. Mineápolis volvió a colocarse en el centro de la atención nacional tras una segunda jornada de protestas derivadas de la muerte de Renée Nicole Macklin-Good, una mujer de 37 años que perdió la vida luego de ser baleada por un agente federal del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Las movilizaciones dejaron al menos ocho personas detenidas y reavivaron el debate sobre el uso de la fuerza por parte de agencias federales en ciudades estadounidenses.
Desde la mañana del jueves, cientos de manifestantes se concentraron frente al edificio federal Henry Whipple, donde operan dependencias vinculadas a políticas antimigratorias. Con consignas de repudio y exigencias de justicia, los inconformes encararon a los agentes que resguardaban el inmueble, formando una cadena humana para bloquear accesos y visibilizar su rechazo a la actuación federal.
La indignación estalló tras confirmarse que Macklin-Good murió el miércoles al recibir múltiples disparos mientras participaba en una protesta contra la presencia de ICE en la ciudad. Durante la noche, decenas de personas realizaron una vigilia en el sitio del tiroteo, transformándolo en un punto de duelo y resistencia que se mantuvo activo durante las siguientes horas.
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La tensión escaló con la llegada de Gregory Bovino, alto funcionario de seguridad fronteriza y figura vinculada a los operativos migratorios impulsados durante la administración de Donald Trump. Para los manifestantes, su presencia fue interpretada como una provocación directa, lo que intensificó los reclamos y los señalamientos de responsabilidad política por la muerte de la mujer.
Ante el riesgo de nuevos enfrentamientos, muchos asistentes acudieron con mascarillas y gafas protectoras, recordando episodios previos en los que se emplearon gases químicos para dispersar a la multitud. El alcalde de Mineápolis, Jacob Frey, se sumó a las críticas y exigió públicamente la salida de los agentes federales de la ciudad, al considerar que su despliegue ha contribuido a agravar el clima social.
¿Cómo ha respondido el gobierno estatal a la creciente tensión en Mineápolis?
El gobernador de Minnesota, Tim Walz, declaró el estado de emergencia y ordenó a la Guardia Nacional mantenerse en alerta ante la previsión de nuevas protestas. Como parte de las medidas preventivas, el sistema de escuelas públicas suspendió las clases presenciales durante el resto de la semana, priorizando la seguridad de estudiantes y personal educativo.
Un conflicto que trasciende las fronteras de la ciudad
La muerte de Renée Macklin-Good detonó manifestaciones solidarias en ciudades como Nueva York y Washington, reflejando un malestar nacional por la actuación de agentes federales en urbes gobernadas por demócratas. Mineápolis, que desde diciembre ha recibido alrededor de dos mil efectivos federales, revive así viejas heridas relacionadas con la violencia policial, a pocos kilómetros del lugar donde en 2020 fue asesinado George Floyd, un antecedente que sigue marcando la memoria colectiva de la ciudad.