Estados Unidos. El Gobierno de Estados Unidos ha intensificado las medidas de seguridad en la frontera con México, elevando el riesgo para los migrantes. Entre las acciones recientes destacan la instalación de más alambre de púas en lo alto del muro, la pintura negra para aumentar la temperatura del metal, el despliegue de tanquetas militares y la construcción de un segundo muro en el tramo Jerónimo-Santa Teresa, en Nuevo México.
Activistas y organizaciones religiosas califican estas estrategias como “inhumanas” y “crueles”. Javier Calvillo Salazar, párroco de la Mater Dolorosa y exdirector de la Casa del Migrante, advirtió que estas medidas representan un retroceso en derechos humanos.
“La Iglesia nunca avalará métodos que afecten la vida y dignidad de las personas más vulnerables”, afirmó. Calvillo recordó que los muros y la vigilancia extrema no han logrado frenar la migración en el pasado, pues “nunca se superará la voluntad de los seres humanos”.
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Juan Fierro García, director del albergue El Buen Samaritano en Ciudad Juárez, señaló que los refugios permanecen casi vacíos, ya que muchos migrantes han desistido de esperar nuevas políticas en Estados Unidos. “La política actual es expulsarlos, no recibirlos”, indicó. Fierro alertó que las nuevas barreras aumentan los riesgos, especialmente para mujeres y niños, quienes podrían sufrir lesiones graves por las púas o el calor extremo del muro.
Desde enero, bajo la administración de Donald Trump, más de 300 mil migrantes han sido arrestados en seis meses. El presidente ha reforzado la labor de ICE y promovido deportaciones masivas, cumpliendo su promesa de endurecer las políticas contra indocumentados.