Dublín.- Durante seis meses Chipre ha
ostentado la presidencia de la Unión Europea (UE): era la primera vez
que la ejercía y sus problemas internos han impedido que su gestión
destaque. Pero los chipriotas pasan el testigo el 1 de enero a Irlanda,
una de las fuentes de quebraderos de cabeza del bloque, ya que fue el
primer país que tuvo que ser rescatado por el bloque y el Fondo
Monetario Internacional (FMI) en 2010.
Sin embargo, los políticos en la isla, con el jefe de gobierno Enda
Kenny a la cabeza, gozan de buena fama en Bruselas como gestores de la
UE. Irlanda estuvo al frente de la presidencia de la UE en siete
ocasiones, la primera en 1975 -dos años después de su ingreso- y la
última en 2004.
El ministro de Asuntos Exteriores, Eamon Gilmore, mostró este mes su
talento negociador durante el encuentro con sus homólogos de la
Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) en Dublín.
Con Gilmore como anfitrión, la OSCE consiguió por primera vez en años
volver a consensuar un documento. También Irlanda negoció recientemente
con Estados Unidos un acuerdo bilateral sobre fiscalidad, que podría ser
la base para un acuerdo de libre comercio con los estadounidenses a
nivel de toda la UE que los irlandeses quieren impulsar, gracias los
lazos que mantienen al otro lado del Atlántico.
Gilmore quiere ser visto en Europa como un optimista cuando exponga la
presidencia del bloque que ejercerá su país bajo el lema de
“Estabilidad, empleo, crecimiento y crecimiento”. “Para mí el vaso está
medio lleno, no medio vacío”, dijo.
Y los irlandeses son unos europeístas convencidos. A pesar del poco
dinero en las arcas públicas y las elevadas deudas, Dublín se ha
reservado tres millones de euros para la presidencia.
Sobre el palacio de la presidencia en Dublín se ha establecido una
exclusión aérea, pues se calcula que hasta 15.000 diplomáticos pasarán
por sus salones durante los próximos seis meses. Las grandes firmas casi
se rifaban el patrocinio de la presidencia y el gobierno en apuros de
Enda Kenny se ha podido ahorrar 14 millones de euros con la
participación de empresas privadas en los gastos.
Durante la presidencia semestral de la UE Irlanda quiere sobre todo
demostrar una cosa: que es capaz de ahorrar. Está previsto que la
presidencia cueste 60 millones de euros. La anterior presidencia
irlandesa en 2004, cuando a Irlanda todavía era conocido como “el tigre
celta”, costó a los irlandeses 110 millones de euros. Por poner un
ejemplo: en esta ocasión no habrá agua mineral para los sedientos
diplomáticos en las mesas de negociación, sino sencillamente agua del
grifo.
La presidencia llega para Irlanda en un año decisivo. Tras la grave
crisis inmobiliaria, que finalmente hizo caer todo el sistema bancario y
derivó en una crisis estatal, Irlanda quiere demostrar que vuelve a
estar de pie. A fines de 2013 expira el paquete de ayuda por el que
Irlanda fue restacada de la bancarrota estatal con garantías por valor
de 67.500 millones de euros. Irlanda quiere financiarse sola en los
mercados.
Las primeras pruebas en este sentido tuvieron un resultado agridulce.
Pero los diplomáticos en Dublín consideran que se trata de un gran
obstáculo que tiene que ser resuelto a nivel político.
En marzo vence un plazo de 3.100 millones de euros en concepto de
intereses y liquidación de un total de 31.000 millones de euros de
antiguas deudas del banco Anglo Irish, que está proceso de liquidación.
Una suma que puede suponer un contratiempo para Irlanda en sus esfuerzos
ahorristas y en sus aspiraciones de regresar a los mercados. Al fin y
al cabo en diciembre se aprobaron nuevos recortes presupuestarios
imponiendo a los ciudadanos ahorros por 3.500 millones de euros más.
El gobierno y el banco nacional irlandés han pedido un aplazamiento del
pago, pero el Banco Central Europeo (BCE) se está haciendo de rogar. Sin
embargo, a nivel político se prevé que finalmente se acabe cediendo,
pues se considera que Irlanda ha tenido un comportamiento ejemplar en lo
que a superación de la crisis se refiere. Irlanda soportó la crisis de
la deuda sin grandes protestas, ha cumplido con las exigencias de la
“troika” y la población aceptó las medidas de ahorro que se le imponían
casi con sumisión.
“Tenemos un gran interés en que Irlanda salga de la crisis”, dijo un
destacado diplomático de un importante país de la UE, aun cuando los
políticos irlandeses están haciendo actualmente todo lo posible para no
mezclar la presidencia de la UE con sus propios intereses sobre la
superación de la crisis de la deuda.
Ninguo de los gobiernos de los grandes países de la UE tendría nada en
contra de que Irlanda envara una señal en este sentido: “Fíjense en esta
isla y aprendan a ahorrar”.NE