Ucrania. Ternópil, una de las ciudades más representativas del oeste ucraniano por su estabilidad relativa durante la guerra, vivió este miércoles una de sus jornadas más devastadoras desde el inicio de la invasión rusa. Un ataque nocturno con misiles impactó en zonas residenciales y dejó al menos 20 muertos —entre ellos dos menores— y más de medio centenar de heridos, de acuerdo con autoridades ucranianas.
Los equipos de rescate trabajaron sin pausa entre estructuras colapsadas, vidrios pulverizados y columnas de humo que cubrieron amplias zonas de la ciudad. El Ministerio del Interior informó que 66 personas resultaron heridas, incluidas 16 niñas y niños, mientras continuaban las tareas para asegurar los edificios dañados.
Las explosiones no solo destruyeron viviendas: también desencadenaron incendios que liberaron altas concentraciones de cloro, alcanzando niveles seis veces por encima de lo permitido, por lo que las autoridades pidieron a los habitantes sellar ventanas y permanecer bajo resguardo. El ataque formó parte de una ofensiva masiva: según la Fuerza Aérea, Rusia lanzó durante la noche más de 476 drones y 48 misiles contra varias regiones, incluyendo Járkov. La onda expansiva también alcanzó a países vecinos: Rumania desplegó cazas por un dron ruso detectado en su espacio aéreo y Moldavia denunció otra incursión.
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En el terreno político, el canciller Andriy Sybiga afirmó que el bombardeo evidencia la “falsa voluntad de paz” de Moscú, mientras el Kremlin negó cualquier plan secreto de negociación con Washington. En paralelo, el presidente Volodímir Zelensky se prepara para viajar a Turquía, donde buscará que el presidente Recep Tayyip Erdogan impulse una nueva etapa de diálogo.
¿Qué alcance real puede tener la nueva ronda de conversaciones impulsada por Zelensky?
Las expectativas son bajas. Rusia mantiene su presión militar y ha reiterado condiciones que Kiev considera inaceptables, como concesiones territoriales y el retiro del apoyo militar occidental. Aunque Zelensky insiste en una ruta hacia una “paz justa”, el panorama diplomático parece tan frágil como los edificios derrumbados esta mañana en Ternópil.