Gaza. Mientras los esfuerzos internacionales se centran en la ayuda humanitaria hacia Gaza, una amenaza latente complica cualquier intento de recuperación: al menos 20 mil artefactos explosivos sin detonar permanecen esparcidos en la Franja, entre restos de viviendas, hospitales y calles arrasadas. Así lo informó el gobierno de Hamás en un comunicado emitido este jueves, donde también advirtió que la presencia de estos proyectiles representa un peligro inminente para la población civil y los equipos de limpieza.
La cifra engloba misiles, bombas aéreas y otros explosivos lanzados durante los ataques israelíes en el marco de la ofensiva militar iniciada el 7 de octubre de 2023. De acuerdo con Hamás, cualquier operación de remoción o reconstrucción en el territorio requiere personal con entrenamiento técnico en desactivación y protocolos especializados en seguridad, debido al alto riesgo de detonaciones accidentales.
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Además del peligro explosivo, Gaza enfrenta una catástrofe estructural sin precedentes: entre 65 y 70 millones de toneladas de escombros se han acumulado desde el inicio del conflicto. Las ruinas no sólo bloquean caminos y dificultan el ingreso de ayuda humanitaria, sino que también afectan los sistemas de agua, saneamiento y electricidad, colapsando por completo el tejido urbano.
En este contexto, las autoridades palestinas aseguran estar elaborando un plan de emergencia que incluye el mapeo de zonas críticas, el manejo controlado de materiales peligrosos, estrategias de almacenamiento temporal y posibles esquemas de reciclaje, aunque reconocen que la capacidad operativa local está desbordada.
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¿Qué tan grave es la situación para los civiles atrapados entre los escombros?
Según Hamás, cerca de 9 mil 500 personas continúan desaparecidas bajo los escombros provocados por los bombardeos israelíes desde el inicio de la ofensiva, el 7 de octubre de 2023, lo que evidencia la magnitud humanitaria y la urgencia de una intervención coordinada para minimizar riesgos y salvar vidas en la Franja de Gaza.