Estados Unidos. La administración del presidente Donald Trump abrió un nuevo frente en la discusión energética nacional al presentar un proyecto que permitiría retomar la exploración petrolera en zonas marítimas que han permanecido protegidas por décadas. La propuesta busca habilitar espacios frente a las costas de California y Florida, dos regiones históricamente reticentes a la expansión de la industria petrolera debido a su valor ambiental y al recuerdo persistente de derrames que marcaron a generaciones.
El plan federal contempla seis subastas de arrendamientos en alta mar frente a California, lo que significaría reactivar áreas que no reciben nuevas concesiones desde mediados de los años ochenta. Paralelamente, la Casa Blanca pretende liberar bloques ubicados a más de 160 kilómetros de la costa de Florida, dentro de una zona que colinda con el activo Golfo de México, donde operan miles de plataformas. La iniciativa forma parte del giro energético impulsado por Trump, orientado a incrementar la producción nacional y reforzar la autosuficiencia en hidrocarburos.
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El anuncio, sin embargo, ha encendido un debate inmediato entre autoridades locales, comunidades costeras y organizaciones ambientales. Quienes se oponen advierten que ambas regiones cuentan con ecosistemas frágiles y antecedentes de accidentes petroleros que dejaron impactos profundos. Además, señalan que la propuesta contradice décadas de moratorias bipartidistas que mantuvieron cerrados estos espacios desde 1980 en California y 1995 en Florida.
¿Cómo reaccionan los líderes locales ante la reapertura petrolera propuesta por la Casa Blanca?
Las primeras respuestas reflejan un bloque de resistencia firme. En California, el gobernador Gavin Newsom calificó el plan como una medida “descabellada” y anunció que recurrirá a todas las vías legales para impedir su avance, acusando al gobierno federal de “vender la costa” a intereses privados. En Florida, el senador republicano Rick Scott también se desmarcó de la propuesta, comprometiéndose a defender las “costas prístinas” del estado. A estas posturas se suman organizaciones ambientalistas que aseguran que reactivar estas perforaciones elevaría las emisiones contaminantes y alejaría al país de la transición energética que —según la comunidad científica— ya no puede esperar.