Irán. El descontento social volvió a ocupar las calles de Irán en medio de un escenario económico cada vez más adverso. Manifestaciones motivadas por el encarecimiento de la vida cotidiana derivaron en enfrentamientos con fuerzas de seguridad en distintas regiones del país, dejando un saldo preliminar de al menos seis personas fallecidas, según reportes de medios locales.
Las protestas comenzaron el domingo en Teherán, donde comerciantes optaron por cerrar sus negocios como forma de presión ante la falta de alivio económico. En cuestión de días, el reclamo se extendió a campus universitarios y a ciudades de tamaño medio en varias provincias, evidenciando que el malestar no se limita a un solo sector, sino que atraviesa a estudiantes, trabajadores y pequeños empresarios.
El contexto económico explica buena parte de la inconformidad. Datos oficiales del Centro de Estadísticas indican que la inflación interanual alcanzó en diciembre un promedio de 52 por ciento. A ello se suma la fuerte devaluación del rial iraní, que en el último año ha perdido más de un tercio de su valor frente al dólar, reduciendo de forma drástica el poder adquisitivo de la población.
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Los episodios más violentos se registraron en el oeste del país. En Lordegan se reportaron dos civiles muertos tras disturbios que incluyeron daños a infraestructura y detenciones. En Azna, también en esa región, otras tres personas fallecieron durante choques entre manifestantes y fuerzas de seguridad. Además, en Kuhdasht se confirmó la muerte de un integrante del Basij, milicia paramilitar vinculada a los Guardianes de la Revolución, en un incidente en el que varios policías resultaron heridos.
¿Qué rumbo podría tomar la respuesta del gobierno frente a la crisis social?
La trayectoria de la crisis dependerá de si el Ejecutivo logra traducir sus diagnósticos en medidas que alivien el costo de vida o si opta por reforzar la estrategia de contención. Aunque las protestas actuales no alcanzan la magnitud de las registradas a finales de 2022 tras la muerte de Mahsa Amini, el trasfondo es similar: inflación persistente, pérdida de ingresos y una ciudadanía cada vez más impaciente.
Mensajes oficiales entre el reconocimiento y la advertencia
Desde el gobierno se han emitido señales contrastantes. El presidente Masud Pezeshkian reconoció la gravedad de la situación económica y advirtió que desatender las necesidades básicas tendría consecuencias morales y políticas. En contraste, el fiscal general Mohammad Movahedi-Azad lanzó advertencias sobre una “respuesta firme” ante cualquier intento de escalar las protestas hacia la violencia o la desestabilización, mientras continúan reportándose detenciones en la capital y zonas aledañas.