Cuba. La escasez de combustible ha sumido a Cuba en una crisis que se extiende a prácticamente todos los rincones de su economía. Luego de varios meses sin recibir suministros suficientes, la actividad cotidiana en la isla se ha visto trastocada: desde el transporte hasta la operación de negocios, el impacto es cada vez más visible. Mientras tanto, el gobierno encabezado por Miguel Díaz-Canel atribuye la situación a las restricciones impuestas por Estados Unidos, en un contexto internacional que complica aún más el acceso a recursos energéticos.
En ciudades como La Habana, la reducción del flujo vehicular se ha convertido en una señal cotidiana de la crisis. Restaurantes y pequeños comercios enfrentan una caída sostenida en la clientela, obligando a muchos a cerrar. La afectación no se limita al sector privado: industrias clave también han frenado operaciones, incluyendo empresas mineras, mientras que una parte considerable de las aerolíneas ha suspendido rutas hacia la isla, profundizando su aislamiento.
El deterioro económico no es nuevo, pero se ha intensificado. De acuerdo con proyecciones del Economist Intelligence Unit, la economía cubana podría contraerse más de 7 % este año. Este retroceso se suma a una caída acumulada superior al 15 % en el producto interno bruto durante el último lustro, reflejando un desgaste estructural que la actual crisis energética ha acelerado.
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Uno de los focos más críticos se encuentra en el sistema eléctrico. Expertos como el economista Omar Everleny advierten que la situación responde tanto a la falta inmediata de combustible como a años de inversión insuficiente en infraestructura. Las consecuencias son visibles en los prolongados apagones: en la capital pueden durar hasta 15 horas diarias, mientras que en otras regiones se extienden por más de un día completo.
El propio gobierno ha reconocido la magnitud del problema. Desde inicios de año, el país no ha recibido combustible de manera regular, lo que ha reducido significativamente su capacidad de generación eléctrica. Esto ha derivado en déficits energéticos considerables que dificultan el funcionamiento de servicios básicos y actividades productivas.
Aunque se han registrado algunos envíos dirigidos al sector privado, estos volúmenes resultan insuficientes frente a la demanda nacional. Incluso la posible llegada de cargamentos desde Rusia no garantiza una solución duradera, sino apenas un alivio temporal en medio de un panorama complejo.
El impacto también se refleja en el empleo. La falta de transporte y el incremento de costos han llevado a muchos trabajadores a abandonar sus puestos, mientras los negocios enfrentan dificultades para mantenerse operativos. La escasez de diésel y las restricciones en las gasolineras han impulsado un mercado informal con precios fuera del alcance de gran parte de la población.
¿Puede la economía cubana resistir una crisis prolongada?
La capacidad de resistencia del país ha sido una constante a lo largo de su historia, pero especialistas coinciden en que el margen actual es cada vez más reducido. Sin acceso estable a combustible ni recursos financieros suficientes, sostener la actividad económica básica se vuelve un desafío creciente que pone a prueba los límites del sistema.
Presión logística y productiva
A la par de la crisis energética, los problemas logísticos comienzan a intensificarse. La acumulación de mercancías en puertos por falta de transporte evidencia un sistema bajo presión, donde tanto el sector estatal como el privado operan con restricciones severas. En este contexto, cualquier recuperación dependerá no solo de restablecer el suministro energético, sino de impulsar cambios estructurales que permitan mayor resiliencia económica.