Irán. La escalada de tensiones entre Estados Unidos, Israel e Irán comienza a encender alertas en los mercados energéticos mundiales. Un análisis reciente de Oxford Economics advierte que una guerra prolongada podría interrumpir de manera severa el suministro de petróleo, con efectos directos sobre la economía global.
Según el informe, cerca de 10 millones de barriles diarios han salido de circulación, lo que representa alrededor del 10% de la oferta global previa a la crisis. Con la demanda mundial situada en 104 millones de barriles diarios, el sistema energético se encuentra en una posición particularmente vulnerable, donde cualquier conflicto adicional podría agravar la escasez.
Un equilibrio frágil que podría romperse
Aunque el aumento en los precios ha moderado parcialmente el consumo y las reservas estratégicas han actuado como amortiguador, estos factores tienen un alcance limitado. Actualmente, el déficit ronda los dos millones de barriles diarios, pero Oxford Economics proyecta que si las hostilidades se prolongan, la brecha entre oferta y demanda podría alcanzar los 13 millones de barriles diarios en seis meses, generando una escasez histórica cercana al 12% del consumo global. Esto obligaría a implementar racionamientos en diversas regiones.
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Impacto económico y sectores en riesgo
La potencial escasez de combustibles afectaría no solo los precios, sino también la actividad económica global. La consultora estima que el crecimiento del PIB mundial podría reducirse a apenas 1.4% en 2026, con riesgo de recesión. Sectores críticos como transporte, agricultura e industria serían los más afectados, dado que dependen en gran medida del diésel y otros combustibles poco sustituibles a corto plazo.
¿Qué pasará cuando se agoten las reservas?
Cuando las reservas estratégicas pierdan capacidad de sostener la oferta, los ajustes de mercado ya no se limitarán a los precios, sino que se implementarán restricciones físicas al consumo. En ese escenario, el racionamiento de combustibles sería inevitable, afectando primero a las economías más vulnerables y generando interrupciones en cadenas de suministro globales.
Desigualdad energética: el otro frente de la crisis
El impacto de la crisis no sería uniforme. Norteamérica enfrentaría principalmente presiones inflacionarias, mientras Europa podría experimentar una disrupción prolongada en el suministro. Asia y África serían las regiones más afectadas, dada su dependencia de importaciones y menor capacidad fiscal para mitigar el impacto, aplicando medidas como restricciones al consumo, recortes laborales y controles de precios.
El gas natural presenta una mayor flexibilidad, ya que permite cierto grado de sustitución en generación eléctrica y responde con más rapidez a cambios de precio. No obstante, países altamente dependientes del gas natural licuado proveniente del Medio Oriente mantienen riesgos latentes de nuevas interrupciones, lo que deja el panorama energético mundial en alerta.