Colombia., Lo difícil de
navegar por el río Magdalena no está en la fuerza de sus aguas
-chocolatosa- ni en su densidad; tampoco está en su extensión: atraviesa
el país de sur a norte a lo largo de mil 540 kilómetros entre las
cordilleras Oriental y Central de los Andes colombianos; el verdadero
reto de recorrer parte de este caudaloso río está en hacerlo bajo los
rayos del sol justo al mediodía cuando el reflejo del agua dificulta la
vista.
El Magdalena es un río nacional que nace al suroeste de Colombia y
que llega al litoral del mar Caribe; es la principal arteria fluvial del
país. Tan sólo en la parte media (Magdalena media) tiene una cuenca de
unos 250 mil kilómetros cuadrados y es la gran reserva de hidrocarburos
de Colombia; es tan importante que 50% de la población vive en sus
orillas.
Navegar por esa arteria fluvial que a lo largo de la historia ha
sido fundamental para el comercio e intercambio de bienes no es cosa
sencilla. No es común navegarlo a la altura de Barranquilla para
apreciar la ciudad en toda su extensión ni mucho menos hacerlo sobre una
plataforma de 150 metros de extensión para que más de 300 personas
tengan una pruebita del Carnaval de Barranquilla.
Allí, sobre ese río, los expedicionarios de la Ruta Quetzal BBVA
2012, que van en su día 18 de actividades, han descubierto las danzas de
esa tierra, desde la danza del garabato hasta las negritas Puloy, una
suerte de lolitas africanas que con su faldita y corpiño de lunares
atraen la mirada de los 225 chicos de 51 países que recorren Colombia
desde el pasado 19 de junio con apoyo de la Fundación BBVA Bancomer.
Pero nada llama más su atención que la danza africana de Mapalé, que
desde hace cientos de años ha sido interpretada por la cultura negra
que llegó a Colombia a través de los esclavos y que se quedó en San
Basilio de Palenque, una comunidad de cerca de 4 mil habitantes que
resguarda sus tradiciones y se confirma como la ciudad colombiana de
África.
La ciudad más folclórica de Colombia es famosa por su carnaval pero
también por los arroyos que se hacen con las lluvias y por ser la cuna
de la famosa Shakira.
Cantando llegaron a Barranquilla para recibir junto con Andrés
Ciudad Ruíz, subdirector de Ruta Quetzal, un busto del español fundador
de Santa Marta, Rodrigo de Bastidas, con el encargo de las autoridades
de la ciudad de llevarlo a Sevilla y después a Cádiz. Luego de visitar
esa ciudad, famosa por su rumba, por sus largos fines de semana y por
haber sido visitada varias veces por Gabriel García Márquez -quien junto
con Álvaro Cepeda, Germán Vargas, Ramón Vinyes y Alfonso Fuenmayor
integraban el grupo Barranquilla, en los años 50-, la expedición caminó
por las calles de Palenque, ese pueblo orgulloso de sus raíces africanas
traducidas en música de tambores, bailes sugestivos y eróticos y
peinados afros.
– El Museo del Caribe
Justo el autor de Cien años de soledad es uno de los personajes centrales del Museo del Caribe.
En ese recinto, cuya apuesta museográfica propone una lectura más
tridimensional, oral y visual del Caribe colombiano, se concluye el
recorrido con una sala dedicada al hijo del telegrafista, nacido en
Aracataca en1927, que fue uno de los espacios que más atraparon la
mirada de los ruteros.
Si antes los jóvenes habían recorrido la historia caribeña a través
de artículos de la vida cotidiana, contada a partir de una pared
cubierta de flautas, gaitas, teléfonos, radios, lámparas, quinqués,
brochas, cascos, acordeones, machetes, linternas y planchas, en la
última sala, la seis, penetraron a la redacción de un diario, tal vez
?El Heraldo?, periódico barranquillero donde ?Gabo? tuvo una columna
diaria llamada ?La Jirafa?.
Allí, en un cuarto donde tres paredes están tapizadas de fotos,
entre las que no faltan las de ?Gabo?, Mercedes, su esposa; Luisa
Santiaga, su madre y Luisa, la abuela que le contó las mil y un
historias que nutrieron su imaginación, entre caricaturas y recortes de
periódicos, frases sueltas de obras de autores como Ernest Hemingway,
William Faulkner y Franz Kafka rinden un tributo a la imaginación del
narrador y periodista.
Allí, una proyección continua de un audiovisual deja escuchar a
Fermina Daza y Florentino Ariza, al general Aureliano Buendía y a
Mauricio Babilonia, a un ?Gabo? que habla de sus historias mientras se
escucha el teclear de una máquina de escribir.
Con esa imagen que celebra la estancia del Premio Nobel de
Literatura 1982, los ruteros arribaron a Cartagena de Indias, la ciudad
amurallada donde ?Gabo? tiene una casa de descanso.
De esta ciudad cargada de balcones, donde los turistas compran la
fruta que mujeres negras cargan sobre la cabeza en una palangana, donde
se pueden tomar litros de limonada o jugo de lulo; donde abundan, como
en toda Colombia, la renta de teléfonos celulares en mesas o carritos de
super; donde se puede perder la noción del tiempo sobre una chiva
-transporte adornado- en una noche de rumba, los expedicionarios saldrán
rumbo a Bogotá donde terminan su viaje por Colombia.ne
Ciudad colombiana de África hipnotiza a los expedicionarios
La danza africana de Mapalé, que desde hace cientos de años ha sido interpretada por la cultura negra que llegó a Colombia a través de los esclavos y que se quedó en San Basilio de Palenque
Fuente: Internet