Alemania. Autoridades alemanas llevaron a cabo este miércoles operativos simultáneos en las sedes de Deutsche Bank en Fráncfort y Berlín, en el marco de una investigación por presunto lavado de dinero que involucra operaciones pasadas del mayor banco del país. La medida coincidió con la presentación del balance financiero 2025 de la institución, generando inquietud en inversionistas y analistas.
La Fiscalía de Fráncfort confirmó que la investigación apunta a responsables y empleados aún no identificados, mientras que la entidad bancaria reconoció el procedimiento y afirmó estar colaborando plenamente. Un portavoz del banco declaró: “Podemos confirmar que la Fiscalía de Fráncfort está ejecutando una medida en nuestras oficinas. Estamos cooperando plenamente”, sin detallar el alcance de la pesquisa.
Según reportes del semanario alemán Der Spiegel, cerca de 30 agentes de policía vestidos de civil participaron en los registros poco después de las 10:00 de la mañana, recabando documentos y otros elementos probatorios relacionados con transacciones financieras sospechosas.
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El impacto en los mercados fue inmediato. Las acciones de Deutsche Bank cayeron aproximadamente un 3%, hasta ubicarse en 32.48 euros, reflejando la preocupación de los inversionistas ante la exposición legal de la entidad y la incertidumbre sobre los resultados de la investigación.
¿Qué buscan las autoridades con estos registros?
Los fiscales investigan antiguas relaciones comerciales del banco con empresas extranjeras que presuntamente habrían sido utilizadas como estructuras para blanquear capitales. Según el reporte periodístico, algunas de estas compañías estarían vinculadas al oligarca ruso Roman Abramovich, sancionado por la Unión Europea desde la primavera de 2022 tras el inicio del conflicto en Ucrania.
Trasfondo geopolítico y presión sobre bancos europeos
La posible conexión con Abramovich añade una dimensión política y geoestratégica al caso, en un contexto de vigilancia reforzada sobre flujos financieros ligados a personas y entidades sujetas a sanciones internacionales. Este escenario ha incrementado la presión sobre los grandes bancos europeos para revisar operaciones históricas y fortalecer sus controles internos, con el objetivo de evitar sanciones o impactos reputacionales.