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‘Virginia Woolf. La vida por escrito’, una biografía tan inteligente como enigmática

Irene Chikiar Bauer reconoce, en una entrevista con Efe, una labor casi detectivesca previa a la escritura de esta biografía con la que ha pretendido atrapar la "peculiar" individualidad de una mujer y una escritora compleja

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Ciudad de México.- Virginia Woolf nunca pudo quitarse de la cabeza “el sonido” de su propia
escritura, una prosa poética que impregnó la prolífica y cautivadora
obra de una mujer tan inteligente como enigmática, objeto ahora de una
documentadísima biografía escrita por la argentina Irene Chikiar Bauer.Siete
años invirtió la escritora y periodista antes de poner punto y final a
“Virginia Woolf. La vida por escrito”, una monumental obra -más de 900
páginas- que llega ahora a España de la mano de Taurus, dos años después
de su publicación en Argentina.Irene Chikiar Bauer reconoce, en
una entrevista con Efe, una labor casi detectivesca previa a la
escritura de esta biografía con la que ha pretendido atrapar la
“peculiar” individualidad de una mujer y una escritora compleja a la que
tantas veces se ha intentado etiquetar o, incluso, encasillar.De
ella se ha dicho y escrito de todo. Que fue rebelde, inquieta,
insatisfecha, que fue excéntrica, feminista, mentalmente enferma, aguda e
inteligentísima, delicada, sexualmente indefinida, pintoresca, extraña,
snob, obsesiva con el trabajo, … “Fue todo eso y mucho más, pero
sobre todo, como ella dijo de sí misma, fue una outsider, alguien que
vivió a contracorriente, a su manera”.Y ello a pesar de que le
tocó vivir un tiempo, finales del siglo XIX y comienzos del XX, en el
que incluso las mujeres de su nivel social, la aristocracia intelectual
de la clase media-alta británica, estaban condenadas al matrimonio y a
un educación basada en unos modales exquisitos y unos conocimientos que
no iban más allá de la música y el ballet.”Virginia -escribe su
biógrafa- lamentó siempre la falta de educación formal (que no se
discutía en los hombres) y vivió esta carencia con resentimiento, pero
también como una debilidad que se esmeró en superar. A pesar de esa
falta, o tal vez gracias a ella, pudo desarrollar su obra creativa de
una manera rica y personal”.Una obra prolífica en la que Irene
Chikiar Bauer se ha sumergido, y que incluye cartas, diarios personales,
artículos periodísticos, críticas literarias, ensayos, novelas,… “El
biógrafo corría el peligro de ahogarse entre tanto material”, lo que
explicaría que haya invertido tanto tiempo en su obra.Una
biografía que acometió tras comprobar que “ninguna” de las publicadas
hasta ahora, y menos en español, era la que a ella le hubiera gustado
leer de su ya admirada, como lectora, Virginia Woolf. “Eran biografías
más académicas”, apunta.A esta profesora de la bonaerense
Universidad de San Martín, trabajo que compagina con el periodismo, si
algo llamó la atención de los escritos de su biografiada fue “cómo
emprende de forma decidida y desde muy joven su camino como escritora.
Tenía claro de que iba a ser una escritora genial”.Una
genialidad de la que salieron obras que mantienen hoy fresca su
“fascinación irresistible”, como “Al faro”, su novela más
autobiográfica, “Orlando”, “Un cuarto propio”, “Noche y día”, “La señora
Dalloway”, “Las olas” o “Fin de viaje”.”La vigencia y la
cercanía de Virginia Woolf -sostiene su biógrafa- tienen que ver con la
imposibilidad de permanecer indiferentes ante una escritora que ha
difuminado los límites entre lo público, lo político y lo privado; entre
ficción, historia y biografía; pero también con el interés por
dilucidar al ser humano que se expresa a través de sus diarios y
cartas”.Irene Chikiar Bauer habla de Virginia Woolf como de una
“mejoradora de vidas”, definición que toma del escritor y editor
británico Nigel Nicolson, y de una imagen estereotipada como mujer y
escritora.”No vivió desconectada de la realidad, en una torre de
marfil o bajo una campana de cristal. No, son estereotipos. Ella
-asegura- fue una mujer mucho más interesante de lo que los estereotipos
han mostrado de ella”.”Fue mucho más sutil. Tomando una frase
de uno de sus personajes más icónicos, la señora Dalloway, no se puede
decir que alguien sea exclusivamente esto o aquello. No se puede decir
que conocemos a alguien profundamente, porque siempre habrá algo en esa
persona que se nos escape. Nunca se puede llegar al conocimiento
absoluto de una persona”.En su libro, Chikiar Bauer recorre con
detalle, año tras año, la vida de quien nació Adeline Virginia Stephen
el 25 de enero de 1882 -“la cabra” fue su mote familiar”- y se quitó la
vida un 28 de marzo de 1941, sumergiéndose en las aguas del río que
discurría próximo a su casa del condado de Sussex.”Ya no aguanto
más”, confesaba, desesperada, en la carta de despedida que dejó a su
esposo, el escritor y editor Leonard Woolf, con quien le había unido una
relación no exenta de amor pero sin apenas contacto sexual y en “la que
tenía preeminencia lo intelectual”.”He perdido el arte”,
escribió en la última entrada en su diario quien fue uno de los miembros
más destacados del grupo de Bloomsbury.TJ

Fuente: Internet

Fotografía de perfil de Liz Douret

Liz Douret

Editor de Contenidos

Liz Douret

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