Culiacán, Sin.- Un espectáculo lleno de
plasticidad y color presentó la compañía El Cacerolazo, la cual provocó
reacciones encontradas al presentar El
segundo aire – La muerte del arte, con una crítica al rumbo incierto de la
humanidad y a su evidente vocación por la violencia, pero con un llamado final
a luchar por un mundo nuevo regido por la bondad como norma y la esperanza como
divisa.
La agrupación se presentó en el 28º Festival
Internacional de Danza José Limón, ¡Vivir
la danza!, organizado por el Instituto Sinaloense de Cultura con apoyo de
la Coordinación Nacional de Danza del Instituto Nacional de Bellas Artes.
El segundo
aire – La muerte del arte es una coreografía de Lucía Sato,
protagonizada por ella misma y por Talya Sato, con Teresita de Jesús Cháidez
(miembro de la compañía Proyecto al Margen) como bailarina invitada.
Con música barroca de cuerdas y clavecines
como fondo intermitente, y con el apoyo
de proyecciones de video con crudas escenas de violencia, intolerancia,
asesinatos, muertes por hambruna, bombas nucleares y otras imágenes que
provocan una inagotable desolación, en el escenario en cambio vemos esculturas
que se mueven en un ambiente de galería de arte donde vuelan los cuadros y se
diseminan muebles diversos, maletas y otros utensilios.
Con el telón corrido, la empresaria abre esa
especie de galería que podría albergar los más recónditos laberintos del alma
humana. Una de las esculturas empieza a cobrar vida bailando mecánicamente ante
la asombrada galerista que al partir, cede el espacio a sus creaciones.
La obra se divide en dos partes, y la primera
de ellas concluye con el espanto de la estatua viviente al descubrir lo que hay
detrás de otra estatua deshecha, lo que desata una larga sucesión de escenas violentas de guerras y crímenes
sin fin sobre los muros laterales del Teatro.
En la segunda parte, ambas esculturas juegan
entre cuerpos de fría materia destazados, que al final guardan en maletas, y se
ponen a bailar en un espacio acuático sobre el que se ahogan.
Cuando la galerista vuelve se asombra ante el
desorden, saca a las esculturas, juega con ellas como si fueran títeres sin más
vida que la que les prestan las manos de su dueña, quien al final es presa de
la más profunda consternación, se despoja de etiquetas, y sale del escenario enfebrecida,
mientras la oscuridad se hace.
Entonces, sobre los muros laterales del
teatro se proyecta la imagen de Charles Chaplin, entre más escenas de guerras,
conminando a la humanidad a cambiar de rumbo y a regirse ya no por la avaricia
sino por la bondad y a usar el progreso como herramienta para ser todos
felices.
El final es desconcertante. Las intérpretes
desaparecen tras el telón mientras el público se queda embobado en las imágenes
de video, y no vuelven a salir, sólo se oyen unos aplausos que se apagan al
encenderse las luces como señal de que es hora de partir a ese mundo real donde
el arte aún es una realidad.IN
Reacciones encontradas en El Segundo Aire
Dentro de la programación del 28 Festival Internacional José Limón, sorprenden los integrantes de El Cacerolazo en el TPV
Fuente: Internet