Da click aquí y encuentra más información de Línea Directa Portal en nuestra página de Google News
Culiacán, Sin.- Llega la víspera del Año Nuevo y es común que todo mundo, durante la noche del 31 de diciembre se haga promesas en silencio para ser mejor personas, tener un mejor cuerpo, cuidar la salud, ser menos egoísta, hacer ejercicio, y bueno, la lista es infinita.
Las doce uvas marcan los deseos y durante la celebración estamos convencidos de que, al abrirse una nueva etapa, nuestra vida cambiara para siempre; pero ¡oh, oh! conforme pasan los días, los ánimos son menos y la mayoría solemos volver a los malos hábitos que hemos venido arrastrando por años.
¡No te asustes, no eres solo tú! y así lo explica la ciencia, cuyos expertos se han encargado de descubrir el misterio que esconde el hecho de sean pocos o ninguno, los propósitos que sobreviven conforme avanza el año.
Solo alrededor de la mitad de lo que se decreta durante la fiesta para recibir el año, durará más allá de las primera semanas de enero y menos seguirán firmes para toda la vida, es lo que señala la investigadora en psicología de la Universidad de Indiana, Christina Downey.
Según la experta, no es solo la falta de compromiso lo que hace que no se cumplan las metas, sino que también, basada en su experiencia clínica, puede que las personas no tengan la paciencia suficiente para ver resultados no tan rápidos.
“Si no se tiene la confianza para invertir en un esfuerzo a largo plazo, el fracaso en lograr la meta puede convertirse en una profecía autocumplida”, escribe la investigadora para The Conversation.
“Si alguien percibe el progreso como inaceptablemente lento o inadecuado, puede abandonar el esfuerzo“, añade.
De acuerdo a la revista Muy Interesante, desde los tiempos de las primeras civilizaciones, en Babilonia, alrededor del año 2,300 a.c, las personas hacían un ritual de propósitos por la llegada de un año más; con eso se buscaba el diseño de una guía espiritual, moral y física para mejorar en el nuevo ciclo, además, se quería alejar a los espíritus del mal que solían rondar a las personas cuando un año llegaba a su fin.