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México.- Hay algo que, a través de los tiempos, la historia mexicana no ha contado y lo ha tenido guardado como un íntimo secreto, y esto es el por qué Francisco I. Madero tenía que vivir ocultando su verdadero yo.
Por allá en el año 1911, cuando Madero llegó a la silla presidencial y en medio de un escenario de intolerancia y con una oposición política golpeadora, el ex presidente se convirtió en el “blanco perfecto” de ataques e incluso se le llegó a acusar de loco, la razón, decía tener el don de hablar con los espíritus.
Los libros e historiadores se avergonzaron de esta faceta y prefirieron darlo a conocer, ante el mundo, como un héroe que se opuso reaciamente al régimen político de Porfirio Díaz, dejando de lado que su misión era buscar la armonía espiritual, la coherencia y la solidaridad de la humanidad, dejando de lado el egoísmo, la vanidad y la acumulación de bienes materiales, así lo relata el portal de México Desconocido.
Francisco I. Madero adquirió su pasión por el espiritismo luego de leer las obras del padre de dicha doctrina, Allan Kardec; tiempo después se autonombró como un médium escribiente, manifestando en su cuerpo los espíritus de su hermano muerto, de nombre Raúl; un hombre llamada José, y en ocasiones el propio Benito Juárez.
Estudió más sobre la vida espiritista en París y se dice que, fue durante un estado de trance, cuando definió sus grandes obras, tituladas la Sucesión Presidencial y el Plan de San Luis.