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Múltiples voces y rostros en Tirano Banderas

Nueve actores le dieron nuevamente vida a la Novela de Valle-Inclán, mostrando el porqué de su nombre actoral, en el TPV

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Culiacán, Sin.- La cita en el
gran Teatro Pablo de Villavicencio se dio por la invitación por parte de la
Sociedad Artística Sinaloense, de su programa Primavera de la semana del
Teatro, con la novela Tirano Banderas, de Ramón del Valle-Inclán, la cual conmovió
al público quien llegó puntual, quienes disfrutaron de poesía y narrativa,
multimedia y efectos de cine, en un  retrato
crudo del poder.
Nueve actores que dieron vida
a 50 personajes, mostrando su gran calidad actoral con voces y rostros, con el
apoyo de un gran vestuario de más de 120 piezas, la adaptación hecha por el
mexicano Flavio González conjuntó el talento de actores mexicanos, españoles,
venezolanos y argentinos, para narrar una historia que, con el uso de elementos
lingüísticos y culturales de diversos países latinoamericanos, entregaron una
dimensión sin mete en sonetos.
Los actores mexicanos Emilio
Echavarría y Joaquín Cosío, los españoles Pedro Casablanc, Emilio Bualle,
Charles Canut y Susy Sánchez; los argentinos Vanesa Maja y Mauricio Minetti, y
el venezolano Rafa Cruz, agrupados en torno al proyecto Dos Orillas, del Teatro
Español de Madrid, hoy en Culiacán, le dieron al Villavicencio una presentación
única, difícil de repetirse de nuevo, aunque en el terreno actoral nada está
escrito.
Emilio Echavarría su
experiencia dio un gran resultado imponente, sobrio, miradas y estilo singular
al papel de ?Santos Banderas?, el tirano de ?Santa Fe de Tierra Firme?, en sus
últimos días de gobierno, antes de que los rebeldes dieran el último asalto a
su sangriento gobierno en el que ejerce el poder conforme a sus pasiones y a
sus deseos.
 Por su parte el también Mexicano Joaquín
Cosío, quien dio vida a ?Zacarías El Cruzado?, un indígena que encarna todas
las humillaciones que han sufrido las clases miserables y quien, desde el
principio, en una escena plena de simbolismo, encara al tirano con una
desafiante mirada, tras el horrendo asesinato de su esposa torturada en un
cuartel, y de su bebé, cuyos restos sangrientos carga en su morral.
Entre estos dos personajes,
emblemáticos cada uno a su modo, tenemos a una multitud, soldados y militares
de todos los grados, ministros, embajadores, hijas perturbadas, videntes,
pregoneros, niñas, revolucionarios, criados, periodistas, policías,
prostitutas, madrotas, alcaldes, prestamistas, etcétera.
La historia podría ser la de
cualquier dictadura en cualquier otra en algún otro país latinoamericano, donde
estén, son lo mismo. A lo largo, escuchamos hablar indistintamente de pesos
como de bolívares como moneda, o de chanchos, mate, chicha, coca, cholos, con
el apoyo de música de fondo al estilo de boleros de burdel, algo de trova,
chilenas y hasta corridos clásicos.
Hay un idealista de clase
alta (?Roque Cepeda?, interpretado por Rafa Cruz),  que pugna por destronar al dictador; un
militar que gozó de las mieles del poder y que, caído de la gracia y
perseguido, se une a los revolucionarios (?Coronel de la Gándara?, actuado por
Casablanc), y hay un representante de colonia extranjera que hace negocios a la
sombra del tirano y que le da la espalda cuando lo ve declinar (?Don Celes?,
que es personificado por Charles Canut).
Todo transcurre en un
escenario, donde resaltaba el piso de tierra (nada firme) con sillas, elementos
de utilería, un telón del fondo, además imágenes proyectadas de la escenografía
con cine dentro del teatro, evocando una feria popular con nubes, la cárcel de
Santa Fe, un cielo con lunas y nubes que pasan sobre el cielo.
Las acciones en escena son
múltiples y todas en conjunción unas con otras. Mientras los revolucionarios se
confabulan el tirano los mira despreciativo desde la cumbre del poder, y
mientras el Sr. Presidente ofrece una entrevista al reportero norteamericano
hablando de paz y de reconciliación, a lo lejos se oyen los disparos de los
fusilamientos en la cárcel.
Un montaje con muchas
lecturas y lleno de significados, bromas sin risa por parte del Tirano, como
también un embajador español travesti perdido en sus vicios y personajes que se
trasmutan en un instante.
En escena, quizá lo más cruel
es la muerte de un bebe, en aquellos tiempos no era lo más importante, era lo
que Tirano Banderas? pedía.
El final lleno de poesía,
seriedad, preguntas, respuestas, cada quien de los invitados por parte de la
SAS, en la actualidad del 2014.IN

Fuente: Internet

Fotografía de perfil de Liz Douret

Liz Douret

Editor de Contenidos

Liz Douret

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