México.- Creatividad, imaginación y paciencia son características fundamentales en el desarrollo de un diseñador de vestuario teatral: el creador de tendencias y decorador de personajes.A sus 27 años, Atzín Hernández se ha convertido en una de las vestuaristas jóvenes más sobresalientes de los escenarios teatrales al plasmar sus conocimientos en obras como “Filomena Marturano” (2011), “Nadando con tiburones” (2012), “Extraños en un tren” (2014), recientemente en el musical “La fierecilla tomada” y en varias películas.Para ejercer esta actividad, hay quienes estudian la carrera de Diseño de Modas, pero también quienes por casualidad comienzan como asistentes absorbiendo cada experiencia y después, conquistando sus propios sueños, como le sucedió a ella.”Me adentré en el vestuario a los 18 años. Después tomé cursos de corte y confección hasta que me llamaron para crear ropa para comerciales, y a los 21 años ya estaba diseñando todas las prendas de los actores de la película ?Tequila, historia de una pasión? (2011).”Así me convertí en la diseñadora más joven para una película de época”, platicó Atzín, quien para inspirarse en los bocetos que dibuja, procura estar pendiente de los detalles de las épocas para llegar con ideas distintas e impresionar al productor, director de escena y actores.La diseñadora entiende que en esta profesión no basta con hacer dibujos bonitos, también hay que saber patronar, cortar y coser, pues sólo así se puede dar órdenes, corregir errores y trabajar en equipo.”Lo interesante del vestuario es que para diseñarlo te adentras en un universo de colores, telas, texturas y cortes correctos en busca de la armonía”, dijo durante la visita que Notimex hizo a su taller.En la actualidad crea las piezas que los hombres y ensamble de “La fierecilla tomada” (The drowsy chaperone) lucirán en la obra, mientras que el resto las hace Eugenio Alzás. Serán atuendos para sirvientas, una aviadora, gánsters y reporteras.”La mayoría de las telas que se requieren se consiguen en México, pues el mercado ha crecido tanto que no siempre tienes que importarlas. Yo las encuentro en el Centro Histórico y en lugares que muy poca gente conoce”, platicó.Para este proyecto, los productores Juan Torres y Guillermo Wiechers le han otorgado absoluta libertad creativa, por lo que no hará una copia del vestuario del montaje original de Broadway.”Esto se agradece mucho porque partes de cero para darle tu propio toque a los vestidos, trajes, batas de baño, ropa de dormir, abrigos, sombreros y trajes de baño”, indicó Atzín, quien para este musical y con el apoyo de un equipo integrado por ocho personas trabaja en un total de 70 salidas.Según el tiempo en escena que cada actor porte su vestuario, equivale al número de copias que debe presentarle al productor.”Por ejemplo, si el actor estará 15 minutos con un solo cambio, no nos preocupamos, pero si lo llevará durante toda la función, debemos confeccionar por lo menos dos prendas de cada diseño que una vez usado en escena, se lleva a planchar y a lavar a la tintorería”.Podría pensarse que el día que ella entrega su trabajo a la producción, su compromiso terminó, pero no es así, “porque el día del estreno irán las amigas de la actriz para decirle que se veía gorda o muy delgada, y entonces me solicitarán correcciones porque mi chamba es que el actor se vea y se sienta lo mejor posible”.Ana de la Reguera le explicó que su cuerpo lucía mejor con las faldas ligeramente debajo de la rodilla y sobre esa indicación diseñó el afamado vestido rojo en “Nadando con tiburones”. Con Claudia Álvarez tuvo algunas diferencias en cuanto al atuendo de los años 50 que debía lucir.”No discutimos, sólo la escuché y adapté los diseños, porque al final del día es su imagen y lo entiendo, pues no le gustaba que los vestidos fueran tan ampones. Cuando pasan esas cosas, hablo con el director, nos sentamos los tres, hacemos un ?collage? de tendencias, ?looks? y lo solucionamos”, señaló la experta.Cada proyecto tiene su momento. A veces el vestido más sencillo no tuvo que ser el más caro, pero fue el que más trabajo le costó para crearlo, pues también debe proyectar una actitud que funcione al personaje, como en el caso de Rebecca Jones cuando se vistió de novia en la pieza “Filomena Marturano”.”Me costó muchísimo trabajo lograrlo porque Rebecca es una mujer muy exigente y sabe muy bien lo que quiere. El director pedía que fuera en tono blanco y ella no, así es que fusioné una tela charmeuse plateado con un chantilly de encaje y transparencias. Al final, quedó blanco y gris, y logré darle gusto a ambos”.Una vez que Atzín Hernández entrega el vestuario solicitado, existen dos opciones: ya no vuelve a verlo o se lo queda según el arreglo al que haya llegado con la producción. “Al final me dicen que todo es mío, porque no volverán a ocuparlo, me lo venden o me piden que se los guarde en mi bodega”.En la película “Tierras rojas”, que protagoniza Héctor Bonilla, varios actores le pidieron quedarse con sus trajes de mariachi y, por fortuna, el productor lo autorizó. “Algunos también me pidieron las botas, la camisa, la gorra”.Con Demian Bichir y su hermano Bruno trabajó muy a gusto en la obra “Nadando con tiburones”, pero también bajo mucha presión cuando supieron que el actor había sido nominado al Oscar, pues sabían que los ojos del mundo cinematográfico estaban puestos en él.”Al principio tenía mucho miedo, pues pensaba que quien estaba nadando con tiburones era yo, ante la gran experiencia que ambos tenían en las tablas y yo con una sola obra a cuestas, pero ellos y el productor Claudio Carrera confiaron en mí y permitieron que mi creatividad volara.”Sobre todo cuando me pidieron hacer un cambio de ropa frente a los ojos del público, pero al mismo tiempo, que no fuera tan notorio. Yo pensaba que eso sólo lo hacían los magos, pero comprendí que también nosotros tenemos algo de eso y lograrlo me exigió demasiado”, subrayó.”Amar no es querer” (2011), “Chiapas, el corazón del café” (2012), “El arribo de Conrado Sierra” (2012), “Besos de azúcar” (2013) y “Espectro” (2013), son otras de las producciones fílmicas en las que ha participado con sus propuestas. La mayoría son de época, por lo que se está volviendo especialista en vestuario del ayer.”Lo difícil de hacer época es conseguir lo que existía en ese momento, o crearlo, pues la época sigue una línea que puede ir hacia abajo o arriba, puede ser vintage, retro o futurista”, indicó Atzín, quien en su bodega guarda más de 14 mil piezas, incluidos todo tipo de accesorios, sombreros y zapatos.”Aunque en el diseño de vestuario puedes cobrar hasta 60 mil pesos por un vestido, según el tipo de tela, no es lo mejor pagado, pero vivo de esto. Hay temporadas en que no hay trabajo y es difícil, pero al mismo tiempo, te obligas a saber administrar porque no sabes si en dos meses te caerá un buen proyecto o quizá debas esperar más tiempo”, concluyó.JE
Diseñador de vestuario teatral, el creador de tendencias
Atzín Hernández comparte su experiencia; ha confeccionado para "Filomena Marturano" y "Nadando con tiburones"
Fuente: Internet