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Dan el último adiós a Itatí Zucchi con una emotiva misa

La madre de Itatí Cantoral y Roberto Cantoral Jr., murió el viernes a causas de complicaciones del COVID-19

México.- La viuda de Roberto Cantoral, quien falleció tras un paro cardiorrespiratorio, fue recordada con cariño en una íntima celebración eucarística en la que, al final de ésta, una de sus nietas le dedicó a nombre de la familia un conmovedor mensaje.

Cómo describirte “Guachita”, tú fuiste una mexicana nacida en Argentina, campeona nacional de judo, trapecista, bailarina y actriz. Más mexicana que cualquiera de nosotros, salvo cuando jugaba Argentina y había que comer comida picante, ahí sí ni hablar.

No aguantar el picante fue una de las cosas que me heredaste, además de las piernas de Maradona.

Campeona mundial de judo… quién puede decir eso de su abuela, y aún así quienes te conocemos sabemos que tu mayor fortaleza en realidad estaba en tu corazón.

Trapecista, bailarina y actriz de teatro. Tus años en el circo nos enseñaron dos cosas: primero, que ninguna de tus nietas tendremos tu flexibilidad ni con todo el yoga del mundo, y segundo, que una verdadera acrobacia en casa, a tus 70 años, caer rodando un piso por las escaleras, sin soltar una taza de café y al aterrizar ilesa decir: ya manché la alfombra.

Como bailarina y actriz, sabías que la vida no era más que una comedia, y había que disfrutarla siempre, riendo y sonriéndole a la vida, ante todo, en el día más oscuro la situación más difícil, tú le sonríes a la vida, y a la vida no le quedó de otra más que devolverte la sonrisa.

Sé que Hemingway tiene el récord del cuento más corto del mundo, pero yo puedo decir que mi abuela tiene el récord del consejo de vida más corto del mundo, y lo digo sin temor equivocarme, a todos nos decían lo mismo, hijos sobrinos o nietos. Cuando llegábamos a platicarle la tragedia romana en curso ella siempre daba la misma respuesta a todos, sin titubear y sin equivocarse, acompañada de un ademán argentino con dos manos que tanto la caracterizaron, y decía: “¿y?”,”¿y?”, “¿y?”, y nosotros seguíamos exponiendo nuestra tragedia, y su reacción siempre era la misma, “¿y?”.

Me perdonarán Sócrates, Aristóteles, Platón y todos los filósofos del mundo, pero creo que no se puede meter más filosofía de vida en una sola consonante. Eso era lo que te caracterizaba, una actitud ante la vida feroz, sin medias tintas, sin miedos, sin titubeos. Una mujer que sabía lo que quería y llegaba a tomarlo, sin preguntar, sin pedir permiso. Una mujer que a los nueve días de un “hola”, dijo “hasta que la muerte nos separe”.

Muchos piensan que el legado de mi abuelo son cientos de hermosas canciones, pero el legado que los dos nos dejaron y el más bello del mundo lo estoy viendo en estos momentos. Hoy te imagino llegando con mi viejo gritando emocionada como siempre: “Roberto, Roberto lo logramos”, y lo lograron. Hoy nos toca beber mate a tu salud y sonreírle a la vida como tú lo hubieras querido, y te prometo que vamos a apagar las luces, ahora tu luz es la única que necesitamos para que nos ilumine siempre.

Hasta pronto, Guachita.

Aquí la misa que se ofreció en su memoria…

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Fuente: Línea Directa

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