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Color y flores blancas en ?Carmina Burana?

Bajo la producción de la SAS, luces de color, flores blancas, Video Mapping, y un gran coro fue recibida en el TPV, la cantata Carmina Burana

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Culiacán, Sin.- Un recibimiento poco inusual, se
presento en el Teatro Pablo de Villavicencio, con edecanes que portaron una
túnica negra, una flor blanca, una sonrisa entre coqueteo y pecado, todo para
recibir a un público conocedor de las buenas producciones, la Sociedad
Artística Sinaloense, junto varios elementos para lograr un toque de conquista
de principio a fin. La Orquesta Sinfónica Sinaloa de las Artes; las voces en
coros de Culiacán y Mazatlán, los tres solistas invitados, y la prodigiosa
dirección concertadora del maestro Enrique Arturo Diemecke.
 La cantata
escénica Carmina Burana, de Carl
Orff  cautivó a los cientos de
asistentes, que al final del concierto brindaron una larga tanda de aplausos,
aclamaron de pie a Diemecke, quien derrochó energía, entusiasmo, carisma y
sabiduría, y movimientos dancísticos muy peculiares, llamando la atención de
los presentes ya que no se apoyo de partituras y la clásica batuta.
El programa abrió con tres piezas  clásicas conocidas, cautivadoras: La Danza de los sables, de la Suite Gayane No. 3 de Aram Jachaturian; Bacanal, de la ópera Sansón y Dalila, de Camilo Saint-Saens,
y la portentosas Danzas Polovetsianas,
de Principe Igor, de Alexander
Borodin, que fueron la carta de presentación del ex director de la Orquesta
Sinfónica Nacional y actual director de la Orquesta de Teatro Colón de Buenos
Aires.
Después de un intermedio, una copa de vino compartida
en el lobby, tercera llamada y apareció Carmina
Burana, un gran coro interpretaría sus poemas,  los del Ángela Peralta de Mazatlán; también
los de la Vocacional del ISIC, Solistas del Taller de Ópera de Sinaloa, todos
cubiertos con capuchas blancas, evocando a los monjes libertinos autores de
estos versos rescatados del olvido hace un siglo, al tiempo se sumaron los del
Coro Infantil del ISIC y de Casa Achoy de la SEPyC.
Como solistas lucieron el barítono Enrique Ángeles,
la soprano Elisa Ávalos y el tenor Rodrigo Garcíarroyo, que cantaron solos con
la Orquesta, haciéndolos lucir aun mas con las luces de colores en movimiento,
flores blancas en espacios específicos, y un trabajo de Video Mapping que
evocaba la época.
Con subtítulos de la obra, lo que facilitó su
comprensión, los Cantos profanos de los monjes medievales, dio inició con la
pieza Fortuna, Emperatriz del Mundo,
emblemática de esta cantata, y que es con la que cierra, como en una rueda de
la fortuna.
En medio están los cantos a la vida, a la
sensualidad, al vino, y al amor agrupados en los apartados La primavera (Primo Vere),
Sobre el Prado  (Uf der
Angem), En la taberna (In Taberna), La corte de amor (Cours
d?amour), y Blancaflor y Helena (Blanziflor et Helena).
Y los versos de ¡Oh
Fortuna, / variable como la Luna,/ como ella creces sin cesar/ o desapareces!,
resonaron, en medio de proyecciones de video
maping
A lo largo de la obra, se celebró la llegada de la
primavera y la ida del invierno, el impulso vital, la naturaleza y sus
criaturas, el cambio al verano y los cantos al amor, las danzas en coro, las
delicias de la vida mundana, el vino que ?beben en abundancia desde el Papa y
el Rey? hasta las personas de más humilde condición, para decirnos con todo
ello que ?quien no disfrute de la vida no merece compasión?, y que ?el amor nos
ennoblece y nos hace honorables?.
Sorprendente el capítulo En la taberna, donde los monjes declaran abiertamente su pasión por
el vino, ?más ávidos de placer que de la salvación?, huyendo de un mundo
asolado por la pestes, las constantes guerras y las desigualdades.
Enrique A. Diemecke salió tres veces a recibir los
contantes aplausos de enorme sonido, hubo para todos: para los músicos en sus
diferentes secciones, para los coros, sus directores, para los tres solistas
que lucieron espléndidos, un evento de talla internacional, donde la SAS
nuevamente logro la perfecta calificación.
De la colección completa de los Carmina burana, Orff se escogieron 25 canciones y se ordenaron de
modo que pudieron ser representadas en un escenario. En cuanto a la música, se
amoldó a la sencillez de los textos. Aproximadamente la mitad de las piezas son
canciones cuya melodía se repite en cada estrofa casi sin variantes,
limitándose algunas veces a realizar simples escalas mayores o menores.
Una riqueza rítmica, lo más característico en la
Carmina Burana de Carl Orff.
Pocas veces interpretada en Sinaloa, muchas en todo
el mundo, un trabajo en conjunto de la SAS-ISIC, lo que se reflejo en
agradecimiento en el prolongado aplauso de esta primera noche de presentación.YRM

Fuente: Internet

Fotografía de perfil de Liz Douret

Liz Douret

Editor de Contenidos

Liz Douret

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