México, DF.- Un año después de haber llegado al América, Miguel Herrera
hace cuentas claras de su recorrido como azulcrema y en ese trayecto descubre
que más allá de los pasos que ha dado, de nada servirá si no es capaz de ver a
las Águilas con el trofeo en las manos.
Cuando Miguel arribó al Nido, ?el grupo estaba muy bien?,
afirma. ?Se hablaba de que estaba roto, no era así. Tuvo un mal torneo y ningún
grupo con un campeonato malo está contento. No hay bromas ni risas, hay
seriedad y malestar, obvio, pero lo más importante fue confiar en ellos, hablar
con nuestra directiva y darles la confianza al 100%. Sabíamos que iban a
responder, son extraordinarios y sólo apuntalamos donde creíamos que nos hacía
falta gente?.
Seguro, aplaude: ?El equipo se ha hecho más sólido, más
vasto, tenemos un cuadro con recambio que es importante y estamos contentos con
el resultado, hasta el día de hoy en los funcionamientos de los torneos?, dice,
aunque aclara: ?Reitero, esto no va a ser una gran felicidad hasta que no demos
un título, como es la exigencia para este equipo?.
Incluso sabe que tiene argumentos para promover la
renovación de su contrato con el América: ?Yo creo que sí, pero es una pregunta
que quisiera contestar con un logro y sentarme con ellos [la directiva] a
platicar con ese objetivo trazado. Es un año muy bueno, que se puede convertir
en extraordinario si lo consigues [el campeonato], además de sumar 63 puntos en
el año, ser la mejor defensa, la mejor delantera, dos veces título goleador y dos
veces en semifinales?.
Todo eso ?va a dar margen para negociar con la directiva la
continuidad, pero quisiera que ese año pudiéramos convertirlo en extraordinario
para sentarnos con más argumentos?. Hoy, superado el año, se siente
identificado con el amarillo, aunque precisa: ?Es que el americanismo es la
gente y no los que pasaron ni los que estuvieron ni los que van a estar, ni los
que estamos hoy ni los que van a estar en el futuro?.
Añade: ?Es la gente, la que nace con el escudo tatuado en el
corazón, la que llora porque ganan, la que llora porque pierden, la que te
sigue a Pachuca, Torreón a Tombuctú, a donde vaya el equipo. Hoy estamos unos
que representamos al equipo dentro de la cancha y mañana cambiamos de lugar y
haces tu chamba, pero ellos se tatúan el escudo del América en el corazón, en
los brazos, en su cerebro, a muchos de sus hijos les ponen como los jugadores
que añoran, eso es realmente el americanismo?.
Rodeado de tantos sentimientos, distingue a Enrique
Meza, su maestro cuando él aún era jugador. ?Voy a enfrentarlo con la misma
idea, con gran determinación, tratando de superarlo en la estrategia y que los
jugadores hagan mejor las cosas que el rival, pero siempre con un gran respeto
y cariño al profe Meza, quien es parte de mi formación como técnico, él es una
de las partes fundamentales que hoy me tienen dirigiendo?.CHG