Sao Paulo.-
Los defensas que lo enfrentaron coincidían en que era el mismo diablo, veloz y
con una capacidad para sembrar en el piso a cualquiera de ellos, enviar centros
precisos o penetrar hacia el área grande para disparar despiadadamente, con una
potencia asombrosa.
De mirada
fiera, cejas pobladas, bigote bien recortado, nariz aguileña pronunciada,
estatura media y una voluntad ilimitada, se llamaba Julio Botelho y le decían
?Julinho?, descendiente de emigrantes portugueses radicados en el barrio
paulista de Penha, donde nació el 29 de julio de 1929.
Dedicado
al futbol desde 1944, su primer equipo, en la adolescencia, fue el Juventus
local, luego el Portuguesa y el Palmeiras, en el que conquistó la Copa Brasil
-equivalente al actual Campeonato Nacional / Serie A, el maratónico
?Brasileirao? inaugurado con ese nombre en 1971-, además de ser bicampeón
paulista en plena madurez deportiva, en 1959 y 1963.
No
cumplía aún 25 años cuando el seleccionador de Brasil, Alfredo ?Zezé? Moreira,
lo llevó a la titularidad para vestir la nueva camiseta ?verdeamarela? y
alinear contra México el 16 de junio de 1954, en el juego inaugural de la Copa
del Mundo de Suiza.
Con dos
goles de ?Pinga?, uno de Baltazar y otro de ?Didí?, ?Julinho? rubricó el juego
(5-0) a los 69 minutos con un tiro-centro que el tapatío Narciso ?Chicho?
López, su marcador por el lado derecho, no pudo ni ver.
Como
ocurrió cuatro años antes, México, dirigido en Suiza por Antonio López Herranz,
tuvo que hacer frente a Brasil, con una alineación que no ofreció resistencia,
eliminada a las primeras de cambio al perder nuevamente, esta vez 3-2 ante
Francia, con un autogol de Raúl Cárdenas.
En Suiza
1954 figuraron Salvador Mota, Jorge Romo, Juan Gómez, Narciso ?Chicho? López,
Raúl Cárdenas, Rafael Ávalos, Alfredo ?Pistache? Torres, José ?Chepe? Naranjo,
José Luis Lamadrid, Tomás Balcázar (abuelo de Javier ?Chicharito? Hernández) y
Raúl ?Pina? Arellano.
Brasil
empataría después (1-1) con Yugoslavia y luego sería derrotado y eliminado
(4-2) por Hungría para concluir su participación mundialista, aunque Botelho fue
reconocido como el mejor extremo derecho del torneo por sus actuaciones en
Ginebra, Lausana y Berna, sedes donde los brasileños se desempeñaron
mediocremente, sin exhibir la excelencia de 1950.
Con el
formidable cartel personal adquirido por él en esa competencia, calificándolo
como ?un futbolista surgido de un país creador de talentos puros?,
“Julinho” fue negociado por el Portuguesa, seducido por la oferta del
Fiorentina, con el que conquistó el campeonato nacional de 1955.
Los
?tifosi? enloquecieron y los dirigentes ordenaron hacer un árbol genealógico
para naturalizar a ?Julinho?, quien años después, ya retirado, reveló que esos
magnates inventaron el descubrimiento en Portugal de un inmigrante de apellido
Boteglio, asunto que ofrecía la posibilidad de ciudadanizarlo italiano con más
facilidad.
Declinó
integrar la selección de 1958 y el flamenguista Joel actuó en el extremo
derecho en los encuentros contra Austria e Inglaterra; pero fue sustituido por
Manoel Francisco dos Santos, ?Garrincha?, a partir del tercer partido contra
los soviéticos, convirtiéndose, con Edson Arantes do Nascimento, ?Pelé?, en la
sorpresa de un Brasil que triunfaría 5-2 en la final ante los suecos.
En un
efímero retorno al conjunto nacional, ?Julinho? fue víctima de la peor rechifla
que se recuerde en aquellos años: el 13 de mayo de 1959, en la primera
aparición del equipo en el estadio de Maracaná después de la Copa del Mundo de
Suecia, en partido amistoso contra Inglaterra, los ?torcedores? querían ver a
todos los monarcas mundiales en acción, incluido ?Garrincha?.
Julio
Botelho jugaba entonces en Italia, Vicente Feola echó mano de él y, al entrar a
la cancha, recibió los denuestos de 160 mil fanáticos a los que otro jugador
hubiese sucumbido; pero el enjundioso delantero se mantuvo firme: ?Pronto voy a
digerir esos insultos?, le dijo minutos antes a Djalma Santos, gran zaguero
derecho, su compañero de siempre en el Palmeiras.
?Julinho?
metió el primer balón entre las piernas de un inglés y, a los seis minutos de
juego, ya había desquiciado a la defensa contraria y marcado un gol magistral,
además de dar el pase para que Henrique hiciese otro, y así vencer 2-0 a los
británicos, transformando los silbidos en aplausos, culminando su carrera en la
selección como el mejor número 7 del futbol brasileño después de ?Garrincha?.
Volvió a
Brasil y tuvo actuaciones memorables en el Palmeiras de Djalma y ?Chinesinho?,
en la época dorada del Santos de ?Pelé?, al que rompieron la casi interminable
secuencia de cetros estatales, alterados gracias a la obra demoledora de ese
personaje que dejó huella profunda en el futbol italiano.
Los
dueños del tradicional equipo de Florencia reiteraron nuevamente la propuesta
de naturalizarlo; pero ?Julinho? resistió otra vez a esa tentación y, tras
cerrar su trayectoria como futbolista activo con el Palmeiras, dirigió a las
fuerzas inferiores de sus dos clubes paulistas consentidos entre 1967 y 1980,
además de entrenar al Corinthians
Antes de
cumplir 74 años, Julio ?Julinho? Botelho, amado en dos naciones de profunda
tradición futbolística, murió en su ciudad el 11 de enero de 2003 de un paro
cardíaco que lo fulminó repentinamente, como él fulminaba a los zagueros que,
temerosos, se atrevían a ponérsele enfrente.IN
?Julinho? Botelho, brasileño de clase mundial en Suiza 1954
Dedicado al futbol desde 1944, su primer equipo, en la adolescencia, fue el Juventus local, luego el Portuguesa y el Palmeiras, en el que conquistó la Copa Brasil -equivalente
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