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Gloria y tragedia de Fausto dos Santos, mundialista brasileño de 1930

El jugador brilló intensamente con el conjunto de la comunidad portuguesa en la antigua capital que, con la tercia del Flamengo, Botafogo y Fluminense, son los clubes que provocan el gozo mayor de los cariocas

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Río de Janeiro.-
Nació el 28 de febrero de 1905 en Codó, población perdida del estado nordestino
de Sao Luiz de Maranhao, caracterizado por el auge del algodón de principios
del siglo pasado, cuando cientos de buques partían de Brasil transportando un
millón de libras de materia prima textil al extranjero cada año.
Sin
embargo, la economía regional decayó y, como repentinamente empezó, el colapso
llegó de súbito, obligando a cientos de maranhaenses a emigrar en busca de
mejor destino, como fue el caso del niño Fausto dos Santos, héroe desconocido
para las nuevas generaciones de fanáticos brasileños.
La
familia Dos Santos tomó el tren de Teresina rumbo a Río de Janeiro, donde el
adolescente Fausto- alto, recio, valiente- se probó en el Bangú, destacando por
su habilidad en el extremo derecho de la cancha, cualidad que le valió ser
transferido al Vasco da Gama, con el que obtuvo el cetro local en 1929.
A pesar
de los prejuicios raciales de aquella época, poseedor de un elegante dominio
del balón, Fausto dos Santos brilló intensamente con el conjunto de la comunidad
portuguesa en la antigua capital que, con la tercia del Flamengo, Botafogo y
Fluminense, son los clubes que provocan el gozo mayor de los cariocas.
Convocado
por primera vez a la selección nacional por Píndaro de Carvalho en 1928, Fausto
desarrolló la precisión de sus pases, su destreza y liderazgo para, con esas
prendas, llegar a Uruguay dos años después como parte del equipo que representó
a Brasil en la primera Copa del Mundo de la historia.
En
Montevideo jugó como titular en las victorias ante Yugoslavia (2-1) y Bolivia
(4-0), en dos únicas y notables exhibiciones que ?haciéndole ganar el apodo de
?Maravilla Negra?- extasiaron a la prensa y al conocedor público uruguayo, cuya
selección había ganado los títulos en los Juegos Olímpicos de París 1924 y
Ámsterdam 1928.
Al año
siguiente, Vasco da Gama emprendió una gira por Europa y, sorpresivamente,
Fausto dos Santos desertó del club cruz-maltino y se contrató, primero con el
Barcelona de España y después con el Young Fellows de Suiza, convirtiéndose así
en el primer jugador brasileño de exportación, inaugurando una corriente que,
por su calidad, no ha dejado de existir hasta hoy.
A su
regreso a Brasil ?otra vez con el Vasco da Gama-, al lado de figuras como
Domingos da Guía y Leonidas da Silva, su futbol volvió a brillar; pero ataques
frecuentes de gripe y tos le impedían tener continuidad, por lo que prefirió
fichar con el Nacional de Montevideo, donde le fue diagnosticado un incipiente
cuadro de tuberculosis.
Consciente
de su enfermedad y con el profesionalismo instalado en Brasil, volvió para
enrolarse en el Flamengo, que le dio una nueva oportunidad, poco antes de que,
en Francia, el 5 de junio de 1938, en Estrasburgo, Brasil iniciara su
participación en la tercera Copa del Mundo, a la que no fue convocado por el
técnico Luis Augusto Vinhaes.
Agotado,
sin la condición física adecuada, Fausto dos Santos no acompañó en ese torneo
mundialista a los delanteros Tim de Pádua, Perácio, Romeu, Hércules de Miranda,
?Luisinho?, Patesko y Leonidas, campeón goleador del torneo, con ocho tantos en
su cuenta personal.
Brasil
venció a Polonia (6-5 en tiempo suplementario), en dos juegos empató y derrotó
a Checoslovaquia (1-1 y 2-1) para avanzar a semifinales, donde Italia se impuso
2-1, para cerrar con un 4-2 a Suecia con un equipo nacional que volvió de
Europa con un desilusionante y deslucido tercer lugar.
A
principios de 1939, en un entrenamiento en la sede flamenguista de la Gávea,
Fausto se sintió mal, fue hospitalizado y, aparentemente recuperado, aún
participó durante unos minutos del primer tiempo de un partido entre el
conjunto rubro negro ??o mais querido do Brasil?, dicen sus fanáticos- y el
América de Río.
Era la
final del campeonato carioca de ese año; pero con agotamiento extremo y dolor
en el pecho, tuvo que ser retirado del campo de juego de esa su última
participación como futbolista profesional.
Los
médicos declararon hemotisis: era el inicio del fin, y la ?Maravilla Negra? de
la Copa del Mundo de Uruguay pasó las últimas semanas de su vida en una casa de
beneficencia en el interior del estado de Minas Gerais, donde murió el 29 de
marzo de 1939, día en que el futbol brasileño perdió a uno de los mayores
astros de su historia.IN

Fuente: Internet

Fotografía de perfil de Liz Douret

Liz Douret

Editor de Contenidos

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