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POLICIACA / EN CULIACÁN

Con los pies en la tierra

El morbo y la expectación rondan en la escena del crimen, mientras un agente resguarda el lugar del suceso

09, Octubre 2018 por Ernesto Martínez
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Culiacán, Sin.- Faltaban algunos segundos para que el reloj marcara las 8 de la mañana, cuando el sonido ensordecedor de las ráfagas de "cuerno de chivo" y los disparos de una pistola escuadra calibre 38 superinterrumpieron el trajinar y el bullicio de la transitada calzada Heroico Colegio Militar.

A Miguel Ángel lo mataron dos gatilleros esta mañana cuando iba llegando a su trabajo, algunos dicen que acababa de salir del turno de la noche y se disponía a entregar el carro para ser relevado por un compañero.

Lo cierto es que ese par de sicarios que bajaron de un vehículo de modelo reciente acabaron con la vida de un hombre con muchos sueños, un hombre que apenas tenía dos meses de haber ingresado a la Facultad de Contaduría y Administración de la Universidad Autónoma de Sinaloa.

Tras el asesinato, dos agentes de la Policía Municipal se apresuran a delimitar el área del asesinato, caminan a paso veloz entre el pavimento y el pasto mojado por la brisa matutina del camellón de la calzada.

El ambiente y el panorama es un mundo de contrastes, un mundo donde los curiosos tratan de tomar la mejor foto, pero rápidamente son presa del enojo al no poder retratar a la víctima que quedó en el interior de la unidad y cuyos vidrios perforados por las balas sirven de cortina para proteger el cadáver de la vista de los mirones.

Los contrastes se extienden a las pesadas sombras oscuras que dejan los árboles y la intensidad de luz de los rayos del sol por la mañana que invaden el vehículo de la víctima y hacen más difícil tomar una buena fotografía con un teléfono celular.

El contraste también se pudo ver en la forma en que con toda la impunidad, a la luz de todos con todo el tiempo del mundo fue ejecutado con más de 30 disparos Miguel Ángel a escasos 300 metros de las instalaciones de la bien resguardada y vigilada Novena Zona Militar.

La disparidad del ambiente se hace sentir entre los comentarios que realizan los curiosos y los policías respecto al clima fresco de la mañana bajo la sombra de los árboles y el calor intenso que emana de los rayos del sol y quema a los presentes que están a la intemperie.

Mientras algunos buscan el mejor ángulo para tomar la mejo foto, otros pasan a pie o en vehículos y apenas voltean su cabeza para ver que sucedió, pero al ver qué se trata de una persona asesinada a balazos, continúan su camino mientras se escucha a lo lejos decir "otro más que se le llegó la hora. Sólo él sabe por qué le pasó eso".

La discrepancia de opiniones llega cuando un hombre de estatura baja vestido con short de cargo y una playera beige, habla desesperadamente por teléfono informando lo sucedido con lujo de detalle y asombro.

El hombre de pelo corto, cuyo físico y acento al hablar lo delatan que es un elemento del Ejército Mexicano, se apresura a informar a su receptor de línea que ya le envió todas las fotos, que todavía no bajan el muerto hasta que llegue servicios periciales, pero que ya tardó y su asombro y desespero llama la atención de los mirones y autoridades policiacas.

Un agente lo observa, mientras en voz baja le dice a su compañero: " Este no es de aquí, a éste nunca le ha tocado ver un muerto, si viera todo lo que nos toca ver a nosotros ya se hubiera muerto, aquí matan tres o cuatro y hasta cinco al día y como si no pasara nada", lo dice mientras observa la cotidianeidad de la ciudad más "caliente" de Sinaloa.

Instantes después llegan varios elementos del Ejército, después de una hora de haberse cometido el crimen, se colocan en fila al borde de la cinta amarilla, voltean para todos lados y uno de ellos le llama la atención a un joven porque está tomando fotografías y le pregunta para qué quiere las fotos.

El joven, sin saber que responder solamente encoge los hombros al tiempo que lo sube en señal de no saber, al hotel militar le dice: "las quieres para subirlas al Face verdad", el muchacho sonríe y el militar continúa: déjate de eso, aquí no ha pasado nada, déjate de fomentar la violencia" y los que lo escuchan, al igual que el adolescente guardan su celular.

Pero por más que se quiera tapar el sol con un dedo, la verdad es que son tantos los asesinatos, que la sociedad y las policías locales se están acostumbrando a vivir en este ambiente de violencia, a ironizar con la vida y la muerte, a tener los pies sobre la tierra.


LM
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