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Y todavía preguntan
18, Julio 2018
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Al final de la actual legislatura federal, sale de nuevo a la luz pública, como ha sucedido siempre en el pasado, los escandalosos bonos que reciben diputados al concluir su gestión, montos insultantes en un país de tantas carencias. Le podrán poner el nombre que quieran. 

Y todavía hay quiénes se preguntan por qué de manera masiva, a través de la única herramienta pacífica disponible, los ciudadanos optaron por correrlos con su decisión en las urnas el pasado 1 de julio. 

Ha sido por sus excesos, por su arrogancia, por su desinterés en asumir una postura de solidaridad ante las carencias de las mayorías, asumiéndose como parte de una casta divina que todo lo merece. Cierto, sin que todos fueran iguales, en la frustración los juzgaron igual a todos. 

Si hay dinero para el millonario bono de los legisladores que se van, y sostener las prebendas de miles de altos funcionarios de gobierno, claro que hay dinero para avanzar un poco más en el combate a la pobreza, la desigualdad y los ancestrales rezagos. 

Sí hay. Lo que no hay es dinero que alcance cuando no hay austeridad, ni orden ni prudencia en el gasto, cuando se quieren tener gobiernos de ricos, además de corruptos, en un país de millones de pobres. Y no se trata de los salarios de aquellos trabajadores del sector público que mueven la administración, sino de funcionarios, secretarios de estado, directores, diputados, senadores, gobernadores, alcaldes y hasta regidores, que tienen sueldos excesivos, fuera de la media normal. 

La gente está cansada de escuchar al gobierno cuando pide el sacrificio de los demás, pero no se sacrifica. De funcionarios y legisladores que ante todas las críticas y enojo social se han aferrado a todos los privilegios, desde sus extraordinarios salarios hasta viáticos diversos, bonos, liquidaciones excesivas, combustibles, vehículos, celulares, ayudantes, pago de casetas de peaje y boletos de avión, entre otras muchas otras cosas. Luego hablamos de las partidas especiales y los famosos “moches”. 

Poca cosa es lo que la gente les había exigido: que como parte del gobierno, además de ser eficientes, se asignaran salarios dignos, acordes a la condición del país, de que quienes tienen la oportunidad de desempeñarse en el servicio público vivan en la medianía y no en la opulencia en medio de miseria de las mayorías. Eso es lo que no entendieron y parece que no han entendido. Y eso es lo que millones de mexicanos querían escuchar y el pasado 1 de julio votaron por quien les generó esa esperanza, que confían se les haga realidad de manera razonada y responsable. Es posible que el viraje hacia ingresos justos para la clase gobernante no alcance para cambiar muchas cosas en este país, pero creo que sería suficiente para mantener la esperanza en un gobierno menos voraz, austero, ordenado en el gasto público, de congruencia, de vergüenza, de compromiso con los segmentos más vulnerables de la sociedad. 

No le den muchas vueltas al asunto. La gente votó para que las cosas cambiaran. Ojalá y así sea. 

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Enrique Gutiérrez 
 
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