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Justicia para Javier Valdez
26, Abril 2018
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La captura de uno de los presuntos autores del cobarde asesinato de Javier Valdez, en primera instancia, y en espera de que se conozcan detalles que fortalezcan niveles de certeza en la participación del detenido, genera una luz de confianza en las instituciones que deben luchar contra la impunidad en casos como este.

Es un logro, es cierto, que no debió salirnos tan caro. No debió costarnos la vida de Javier, ni la de uno solo de los 11 absurdamente asesinados en 2017, ni tampoco pagar el sacrificio de los 134 comunicadores muertos en el cumplimiento de su deber de 2000 a la fecha.

Es débil aún la luz de esperanza para la auténtica libertad de expresión en un país en el que de acuerdo a estadísticas de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos hay 20 periodistas desaparecidos desde 2005, más de medio centenar de agresiones a instalaciones de medios de comunicación a partir de 2006, y en el que se arrastra en los casos de homicidios a comunicadores una impunidad superior al 90 por ciento.

Esa patente de impunidad que alcanzan los agresores de periodistas colocan al gremio en un permanente estado de vulnerabilidad, que de alguna manera inhibe el cumplimiento a cabalidad del compromiso social del periodismo con la comunidad.

El mensaje que se envía a los agresores es entonces que pueden continuar, que pueden ir contra los periodistas, porque sus actos violentos contra ellos no van a tener consecuencia alguna.

Así no se puede ejercer el periodismo a plenitud, y quienes lo hacen, como sí lo hizo Javier y siguen ejerciéndolo algunos colegas, es a costa de grandes y permanentes riesgos.

Dirán que no es exclusiva de los comunicadores esa sensación de fragilidad, de exposición cotidiana al peligro, que la padece toda la sociedad, y eso es razonable. Pero matar a un periodista es también una agresión a esa sociedad con la que el comunicador está comprometido, a la que se debe.

La certidumbre en el ejercicio periodístico es directamente proporcional al sentido de seguridad de la sociedad. Si ésta no se siente protegida por las instituciones del Estado mexicano, tampoco los periodistas tendrán condiciones seguras para cumplir con su trabajo.

Lo de la detención de uno de los presuntos responsables del asesinato de Javier Valdez puede significar una luz en el camino. El convencimiento de que se tiene a uno de los participantes en el crimen, y no a un “chivo expiatorio”, es lo que puede hacer que empiece el retorno de niveles de tranquilidad más manejables para los periodistas. También la detención del resto de los participantes y su respectivo castigo.

Y eso llevará tiempo. Porque son muchos los agravios, muchos tan graves como segar la vida de compañeros que solo hacían su trabajo.

Si hay un logro hoy en el tema de seguridad para periodistas, no debió costar tan caro como la vida de Javier y la de decenas de compañeros que han sido absurdamente asesinados.

FACEBOOK Enrique Gutiérrez
TWITTER @ENRIQUEGUTIERR
CORREO egutierrez@rsn.com.mx

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