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FILOSOFIA DE CANTINA
22, Marzo 2018
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Él le dio clic a la foto. Luego la compartió en las redes sociales y en un instante llegó a cientos de personas que compartían sus mismos gustos. Posteriormente, un gran porcentaje de ellos, también le otorgaron un clic a la fotografía. El enjambre creció en unos segundos. Se desbordó la manada sobre la aldea global.

 
El “producto” de convivio era la estampa de una menor de edad en diminuto atuendo; ella mostraba parte de su cuerpo al sol y con la inocencia en la sonrisa, en las manos, no sabía el destino de su figura. Para ella fue sencillo dejarse fotografiar sin saber que el lobo acecha a la espera y se regodea en la entre los matorrales.
 
La fotografía “voló” en un segundo. Atiborró los ordenadores y los teléfonos de miles de personas: se compartió la carnada.
 
El lobo sutil, mañoso, enfermo que está detrás de una pantalla, de una computadora olfateó la fotografía cómo quien tiene a su merced a la presa. La merodeo hasta saberse victimario: endureció las mandíbulas, sintió los dientes mascullar la carne endeble. Un cuerpo fresco para los incisivos.
 
Si, fue tan sólo un clic, tan sólo ese natural movimiento de los dedos que ejecutan una orden. Sencillo: compartir una fotografía personal, íntima y que sólo nos pertenece. Y que debe estar resguardada para nosotros mismos pero que se nos escapa en la inmadurez o por confianza.
 
¿Que nos impulsa a alimentar al Canis Lupus (lobo) que busca carne fresca en las redes sociales? ¿Habremos imaginado la desgracia a la que sometemos el cuerpo, la dignidad de una joven indefensa y que surca las redes hasta el otro lado del mundo y que de pronto se vuelve un tiro al blanco?
 
El clic desató la furia de la bestia que con destreza y a dentelladas consume lo que cae a sus garras y que no se conforma con devorar. Porque este lobo no es egoísta: convida a la presa con otros lobos que se alimentan de inocencia. Me pregunto ¿Qué sería del lobo si alguno de sus cachorros fuese ofertado en la gran vía de la información? ¿Sería el mismo si sus vástagos se exhibieran para deleite de otras bestias?
 
Por desgracia el lobo siempre está echado ahí; aunque parezca un simple cordero. De pronto se agazapa, muestra el hocico, en algunas ocasiones los ojos y la cola. Se hace pequeño y su pelambre se confunde con las personas que no conocemos, con nuestros vecinos, con la gente que camina en la calle.
 
Desgracia la nuestra que compartimos la desdicha de vivir al lado del lobo. 
 
 
Twitter @EliudVelazquez 
Facebook Eliud Velázquez Barba
Correo calamarespejo@hotmail.com
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