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FILOSOFIA DE CANTINA
El dolor político
22, Febrero 2018
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Nadie me lo contó, tan solo lo imaginé.

Él enfermó de nada. Los síntomas emigraron fuera del cuerpo y todo empezó con las pequeñas venas de sus ojos que brillan con un carmesí profundo, a punto de estallar, como quien guarda la respiración para una vida debajo del agua.

La yugular, que en ese instante emula una serpiente viva antes de atacar con sus fauces inauditas, parece saltar, estirarse, llegar hasta las comisuras del infinito y morder, clavar, las dos estacas vivas que tiene sobre la boca: henchida de sangre parece un torrente rojizo. Ahora siente que el pecho se le comprime y un amargo dolor le cala los huesos. Las palpitaciones del corazón hacen que su sangre recorra las venas con una velocidad descomunal, como un tren rápido y sin destino.

Luego sus fuerzas se ven disminuidas, no las del cuerpo y si las del orgullo. Cierra el puño, golpea la mesa y siente que un calor le abruma la piel. Un ardor que sabe amargo, oprobioso, le llena la boca de una pastosa saliva que parece no terminar. Luego vienen las sudoraciones que emanan como un torrente que se filtra por sus ropas. Se empapa su cuerpo. La temperatura emite la alerta. Débil el pulso, ahora.

No termina de ceder el calor de su torso cuando la resequedad le amortaja la lengua y entume los brazos. La herida se hace más grande y la náusea se le filtra hasta la garganta para llegar a las cuerdas vocales que se le achicharran. Todos se han dado cuenta que no hay infarto, no hay sangre fuera de su cuerpo y todo pasó en un instante.

Pero no estaba enfermo, no era el cólera, ni el cáncer, ni alguna fiebre la que había atacado su cuerpo, inmune hasta ese momento. No, fue simple y llanamente la palabra “No” acompañado del “Hoy no vas en la boleta. La candidatura es para fulano de tal” lo que hizo que la enfermedad imaginaria le atacara el cuerpo.

Debo confesar que nadie me lo contó. En un juego libre de la imaginación creo que así se debe sentir un hombre que juega en la política y un día se da cuenta que los dados no están cargados a su lado.

Lo repito: me lo imagino, me lo supongo. Creo que así debe ser el despecho político y el juego de este ajedrez casi maldito, casi yermo. También me he imaginado que la enfermedad se cura con un puesto de relleno en el gobierno municipal o en el estatal. Una cura que no cura la imaginaria insatisfacción de no aparecer en las boletas. El dolor político debe ser como un filoso cuchillo resbalando en la espalda. Lo imagino.


Twitter @EliudVelazquez
Facebook Eliud Velázquez Barba
Correo calamarespejo@hotmail.com
 

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