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La “maldición azul”
18, Enero 2018
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Ya está el segundo finalista. Los Mayos vuelven a una serie titular después de tres años para una contienda inédita para la Mex-Pac, mientras que a los Charros le sigue resultando difícil sacudirse esa “maldición azul” que le fue heredada de los desaparecidos Algodoneros de Guasave.

 

Los Mariachis callaron en Navojoa y dejaron a Guadalajara a media fiesta porque la Serie del Caribe tendrá otro invitado y no ellos. La cuesta estaba muy difícil, pero no imposible, para ellos. Necesitaban ganar los dos encuentros en la región del mayo frente al equipo cuyo pitcheo sigue confirmando por qué fue el mejor de todo el calendario regular.

 

Jalisco estuvo cerca de enviar la serie a un séptimo y decisivo partido cuando ganaban 2-0 y Tyler Alexander lanzaron, fiel a su costumbre, un extraordinario partido. Pero el zurdo tuvo un pequeño titubeo en la sexta. Le empataron el juego y dejó de herencia la del despegue. El jonrón de Max Ramírez con ese corredor en bases terminó por aniquilarlos.

 

Pero siento que el juego se les escapó mucho antes. En aquella primera entrada en la que se fueron al frente 1-0 tuvieron para más y no aprovecharon la oportunidad. Tenían todo para hacer explotar de nuevo muy temprano a Jaime Lugo, y sin embargo lo dejaron crecer. En el pecado llevaron la penitencia.

 

Cuando te juegas la vida y no tienes un mañana no pues ser tan displicente. Una entrada en la que conectas tres imparables y recibes un boleto tiene que ser más productivo. Pero no fue así. Los Charros tuvieron el factor “peso” en contra como para haberse colocado 2-0 con aquel hit y dos outs de Jabari Blash. Anotó Amadeo Zazueta que estaba en tercera, pero con Japhet Amador y su corpulenta figura en segunda no se podía aspirar a otra cosa que no fuera anclarse en tercera.

 

El jonrón solitario de Amador en la tercera, aunque muy temprano, hacía pensar en un séptimo partido. Pero después de ese batazo Lugo encontró la fórmula para silenciar por completo a la artillería enemiga. Retiró a 11 consecutivos, recibió ese espaldarazo del sexto inning de 4 carreras que selló Max Ramírez con su jonrón y la historia fue otra.

 

El único jugador de Charros que volvió a posesionarse de una base fue Yordanys Linares con el quinto y último hit de los tapatíos en la octava tanda. Entre Zack Dodson, Isidro Márquez y Daniel Moskos se encargaron de colocar los candados que impidieron la fuga del boleto hacia la final.

 

Cambio oportuno. Es cierto que Jalisco debía echar toda la carne al asador porque ya no tenían un mañana. Cualesquier titubeo Roberto Vizcarra debía solucionarlo con un cambio inmediato de lanzador. Fue exactamente lo que el “Chapo” hizo en aquel sexto inning, aunque hubo quienes lo juzgaron de haberlo realizado demasiado tarde.

 

A Tyler le abrió con hit Alex González y doblete de Randy Arozarena que acercó a la tribu 1-2. Alexander todavía dominó a Jesús Castillo en rodado que puso al cubano en tercera y que terminó anotando el 2-2 con el globo profundo al central de Jovan Rosa. Allí llegó entonces el momento decisivo de dejarlo y removerlo, porque atrás venía un hombre cuyos batazos largos en Guadalajara les dio las primeras paladas de tierra; Max Ramírez.

 

Alexander llevaba 95 pitcheos. Digamos que estaba en la frontera de lo que actualmente muchos managers permiten a sus abridores. Pero, ¿acaso no valía la pena correr el riesgo de un bateador más? Hay opiniones encontradas al respecto. Si en lugar de Manuel Flores a él (Tyler) le habrían dado el jonrón, las críticas y señalamientos sobre Roberto habrían sido más severas.

 

Sí, porque tenía a todo el bullpen listo. Vizcarra perdió aplicando el criterio más lógico y apegado a las reglas que dicta el famoso libro que nadie conoce. Ramírez les asestó el batazo que terminó marcando diferencia, aunque realmente no fue esa la causa original.

 

Lo cierto es que no dieron otro batazo oportuno en aquel primer inning, como tampoco pudieron descifrar después los pitcheos de un Lugo que, de acuerdo a comentarios recogidos desde su anterior salida, era un pitcher a quien muchos aficionados le habían perdido la confianza… menos al manager Willy Romero.

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