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FILOSOFIA DE CANTINA
La escuela y el reggaetón
20, Diciembre 2017
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Los altoparlantes subían cada vez más los decibeles. El ritmo, fácil, pegajoso y vertiginoso, hacía estremecer, el repleto pero diminuto salón de clases de una primaria de quinto año.

Pequeños niños; almas que asoman a una adolescencia precoz, bailan frenéticamente al ritmo de aquel fácil y pegajoso ritmo moviendo las caderas: “es que esta noche volveré a tocarte cuando la luna deje de mirarte y me entregues todo tu cuerpo” cantaba el regaetonero apodado J. Balvin a través de las bocinas.

La maestra en turno sube el volumen y los decibeles son más estruendosos y los niños, menores de 12 años, bailan cada vez más frenéticamente. Al terminar el tema en turno, salta como un tigre el siguiente. No da tiempo de respirar; no da tiempo de terminar la pizza, los sushis o el refresco que les han ofrecido en su posada de navidad y despedir el año que bien está a punto de terminar: “A veces visualizo el panorama, esos momentos en la cama, con la llama y el calor de aquellos besos, recuerdo las mañanas en pijama, tu diciendo que me amas, yo leyéndolo de tus labios traviesos “. Canta otro regaetonero. Y parece que no terminará nunca: la “memoria” usb que uno de los niños ha llevado para su reproducción contiene 8 horas imparables de reggaetón.

Esta es una de las escenas clásicas que hoy podemos encontrar en las escuelas primarias de nuestras ciudades: altoparlantes que hacen retumbar los salones con música que rompe el esquema del respeto y la madurez en su tiempo y forma. ¿Qué hace suponer a los maestros en turno que los padres queremos que sexualicen a nuestros hijos? ¿O somos los padres los principales precursores de adelantar los tiempos que les corresponderían vivir a nuestros hijos? ¿Sabemos realmente lo que escuchan en sus tiempos de ocio y esparcimiento?

Estaría bien decir que: en el justo tiempo que les corresponde llegará. Porque también sería injusto esconder lo que es obvio. Sería una mentira que nunca se podrá esconder. Sí, algún día les tocará. O tal vez no. Pero todo a su debido tiempo. Y no se trata de “mochos” o “tapados”, se trata de madurar en el tiempo justo. Sin olvidar que la música es uno de los grandes reafirmantes sociales.

Si un día (mi hija) decide bailar “sexi reggaetón” que lo hagan en la justa dimensión que jamás se le prohibirá.

“Veo qué subes Instagram. No te importa lo que dirán baby, con las fotos que tú subes, yo muriéndome por ser el que te calienta en las noches”: terminó el siguiente regaetonero, para reafirmarnos que vivimos en una sociedad que le pierde el respeto a la inocencia y que las mismas autoridades escolares laceran la niñez que deberían proteger.


Twitter @EliudVelazquez
Facebook Eliud Velázquez Barba
Correo calamarespejo@hotmail.com

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