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Reclamo indígena
18, Diciembre 2017
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Hemos dicho aquí que la población indígena de Sinaloa, particularmente en los tarahumaras que habitan en la parte serrana del municipio del mismo nombre, es el eslabón más débil dentro del amplio segmento más empobrecido.

 

Más que producto de acciones de gobierno, de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, que sustituyó a principios de este siglo al caro y burocrático Instituto Nacional Indigenista, ha sido la denuncia social la que ha permitido conocer las condiciones de miseria, hambre y ancestral rezago que padecen esos compatriotas.

 

La causa de los indígenas ha sido abrazada por comprometidos ciudadanos con un alto sentido de su responsabilidad social, como el profesor Román Rubio y Hortensia López Gaxiola, entre muchos más.

 

Periódicamente caravanas de voluntarios recorren sinuosos caminos por horas en la sierra de Sinaloa para llevar algo de ayuda a comunidades como Cuitaboca, emblemática comunidad indígena víctima de la pobreza, la explotación y el despojo de terrenos con alto potencial minero y forestal.

 

Ese esfuerzo ha provocado que desde el gobierno se empiece a voltear hacia esas zonas marginadas, pero lo que han hecho en materia de educación, salud y caminos no es suficiente para atender a los poco más de 50 mil indígenas que hay en Sinaloa de acuerdo al INEGI.

 

Si se hubiera hecho lo correcto desde 1994, cuando el surgimiento del llamado Ejército Zapatista de Liberación Nacional y respetado los acuerdos surgidos del diálogo de San Andrés con el gobierno federal, otra sería la situación de la población indígena mexicana.

 

La innegable realidad de miseria indígena generó que la bandera enarbolada por los zapatistas resultara inatacable, pero los posteriores acuerdos alcanzados en las negociaciones no se tradujeron una baja en la explotación, marginación y rezagos de esos mexicanos.

 

Hoy, a pesar de todo lo que se ha dicho, esos compatriotas siguen muriendo de desnutrición, de frio y de enfermedades totalmente curables de contar con elemental atención médica. Tampoco cuentan con caminos para reducir las distancias de la desigualdad.

 

Es cierto que ese desprotegido segmento de la sociedad mexicana cuenta con la simpatía de importantes grupos y organizaciones sociales, y que la permanente denuncia ha provocado manifestaciones del gobierno de que le preocupa esa realidad, pero eso no ha sido suficiente.

 

Lo que se requieren son acciones más concretas, sistemáticas, y no consecuencia de respuestas forzadas de un gobierno o como atención obligada por la burocracia gubernamental para seguir justificando su existencia.

 

Son, más que nada, hechos los que se necesitan, de parte de todos. De denuncia, de exigencia, de reclamo, de apoyo oficial.

 

FACEBOOK Enrique Gutiérrez

TWITTER @ENRIQUEGUTIERR

CORREO egutierrez@rsn.com.mx

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