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FILOSOFIA DE CANTINA
El otoño de la muerte
01, Noviembre 2017
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¿Qué espera el hombre en el último aliento, en el  final suspiro de su vida? y van esta serie de preguntas por qué este día se asume como el final de lo infinito. El 1 y 2 de noviembre nos arropa una madeja de valor, de júbilo y existencia. Nos han dicho a través de la historia que el mexicano se ríe de la muerte. Yo me pregunto, al citar a Jaime Sabines, al maestro chiapaneco que con gran dolor ve venir la muerte de su padre El Mayor Sabines ¿Qué risa le contagiaría el alma en el aciago momento de la partida terrenal de su padre?

Tú eres el tronco invulnerable y nosotros las ramas,
por eso es que este hachazo nos sacude.
Nunca frente a tu muerte nos paramos
a pensar en la muerte,
ni te hemos visto nunca sino como la fuerza y la alegría.

¿Es este poema realmente irrisorio? ¿Causa risa ver morir la esencia, el tronco y el árbol completo de nuestra existencia? Quizá la antropología y las mismas ciencias sociales en su conjunto han depositado una suerte de premonición sobre la muerte y la visión del mexicano frente a ella; han establecido, a través de la historia (como ya lo he mencionado) y de la ciencia misma, que somos un pueblo que se “ríe” de todo; no lo menosprecio, ni lo descalifico, pero ¿realmente nos provoca una carcajada ver morir a alguien? ¿Nos causa el desternille y vemos la vida como un papel picado o un mariachi que se embriaga de cerveza?

¿Qué tanta risa standupera le causa el poema siguiente?

No veías ni mi boca que se moría de pena
ni tocabas mis manos huecas, deshabitadas.
Espeso polvo en torno daba un sabor a muerte
al solemne vivir la vida más amarga.

La muerte ha llegado a nuestras vidas desde todos los frentes y es capaz de “pelarnos los dientes” con su esencia esquelética. Como un asomo a lo desconocido y que déjeme afirmarlo: es más dolorosa que el dolor mismo. Es como una aguja hipodérmica que se entierra hasta el hueso hasta hacernos la vida tan pequeña que no queda lugar para el júbilo. Nunca lo voy a negar: la muerte me causa admiración y profundo terror a la vez.

Pero ¿Realmente nos orgullece la muerte? ¿Es verdad que no nos otorga ni el más mínimo ápice de miedo? Hoy termino de compartir el poema sobre la muerte de mi padre que hace un año empecé a mostrarles en este mismo espacio. Y no, no me da risa la muerte:

GUERRA ENTRE LUCES

A la muerte de mi padre.

Cerraron el cajón
y fue un instante
muy rápido
y estoy seguro
me digo en voz baja
que un poco de luz
una chispa, una claridad
quedó dentro del ataúd
seguro estoy
que ahí quedó la diminuta luz al final del cerrojo
y no pudo salir
no pudo regresar al mundo
no pudo regresar al sol
que la arrojó hacia el féretro
y la enterraron junto contigo.


Twitter @EliudVelazquez
Facebook Eliud Velázquez Barba
Correo calamarespejo@hotmail.com

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