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FILOSOFIA DE CANTINA
La cotidiana prisa
25, Octubre 2017
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Ella cruzó la calle frente a mí (la identifico como Ella porque no conozco su nombre). Eran las dos de la tarde y el sol ardía en lo alto. Yo, aferrado al volante de mi auto y a través del cristal la observé; ¿Cuántos años tendría, 65, 70 o tal vez más? Con su paso lento consumió las rayas discontinuas que indican al peatón el lugar que le corresponde transitar. Yo al trabajo, Ella no lo sé. Sólo logré darme cuenta que “algo” llevaba en las manos.


El semáforo cambió a esmeralda y la perdí de vista. El día siguió su curso normal. Llegué a mi trabajo. Todo bien.


Al día siguiente una idéntica situación: Ella con algo en las manos, yo  de nuevo afianzado al volante. Mi trabajo me espera pensé. El semáforo en rojo. El mismo semáforo que ayer me mostró a Ella por primera ocasión. Las mismas dos de la tarde de un día continuo. Y me preguntaba ¿de nuevo Ella, con sus 60 o 70 años a cuestas con algo en las manos que parece, ahora, una bolsa de plástico? ¿Qué no había vivido ya esa escena? ¿Era un Déjá vu intermitente? Cedió el rojo al verde. Aceleré de nuevo al trabajo. Ella se perdió entre la calle.

Pero esto continuó a lo largo de muchos días: Ella, siempre en el mismo semáforo, con el mismo rojo que pareciera decirme algo; Ella (eso si lo recuerdo claramente), la misma, pero con otra ropa y algo en la manos que podía ver claramente era una bolsa de plástico con un contenedor de comida. Así sucedieron los días. A las mismas dos de la tarde.


Esto me hizo reflexionar sobre el destino que nos mueve en la vida: ¿a quién mata primero la rutina, a Ella que cruza frente a mis ojos con una bolsa de plástico en las manos o a mí que me aferro al volante en el calor de las dos de la tarde y rumbo al trabajo que parece estar lejano? ¿Su vida es más rutinaria que la mía? ¿Estamos destinados a reconocernos en la vida diaria, en la usanza cotidiana que se vuelve monótona y repetitiva? ¿Es nociva la rutina?


No sé ustedes, pero de seguro, en más de una ocasión han tenido una situación similar a la mía. La misma gente, el mismo lugar, el semáforo que no se sale  de su conteo antes de cambiar de color; el agente de tránsito que nos resulta familiar en una ciudad familiar que no nos dice nada; los mismos comentarios de la gente sobre cualquier situación; la misma risa del tendero, el mismo chiste malo.


Hoy crucé el mismo semáforo; Ella no estuvo ahí a las dos de la tarde, pero si el verde intermitente de la vida que nos grita para cambiar de color. Y creo que debemos escucharlo.


Twitter @EliudVelazquez
Facebook Eliud Velázquez Barba
Correo calamarespejo@hotmail.com

 

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