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Cuitaboca, una muestra
19, Octubre 2017
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Cuitaboca es una comunidad enclavada en la zona más recóndita de la sierra del municipio de Sinaloa, en los límites con Chihuahua. Ahí viven, o sobreviven, decenas de familias indígenas que padecen graves rezagos y carencia casi total de los servicios públicos más elementales.

Está relativamente cerca, a unos 80 kilómetros, de la cabecera municipal de Sinaloa, pero a décadas del desarrollo, por precario que este sea, de otras poblaciones serranas de la región.

Para llegar se requieren vehículos de tracción especial y se hacen entre cuatro y cinco horas de camino, esto cuando las condiciones lo permiten, por estrechas brechas y sinuosos senderos, pero eso sí, de muy bellos paisajes.

Sin escuelas, los niños nacían sentenciados a cero instrucción y a morir de enfermedades curables por la falta de médicos y medicinas y la lejanía y dificultades para llegar a un hospital. Decenas morían en el camino hacia la búsqueda de atención médica.

Estar ahí es encontrarse de frente con todas las carencias, palpar la necesidad, oler la pobreza y encarar los más fuertes sentimientos de impotencia ante la ancestral omisión que han sufrido estas familias.

Hace unos 20 años se desconocía la existencia de estos rarámuris sinaloenses, hasta que el entonces presidente municipal, Alejandro Canobio, acudió y llamó la atención sobre su presencia.

Carecían hasta de nombre. No estaban ni apuntados el Registro Civil y obviamente no podían acceder a ningún programa de apoyo social.

Tras la curiosidad generada y luego de algunas ayudas oficiales de principio, vino de nuevo el olvido y ha sido gracias a la denuncia, junto con la canalización de algunos apoyos de solidarios grupos de la sociedad civil, como ha sido posible que las autoridades volteen los ojos hacia ellos.

Más recientemente, a golpe de exigencias y manifestaciones se construyó un centro de salud y una escuela. Pero el dispensario médico está sin medicinas y sin médico, y la escuela cuenta solo con un mal pagado maestro bilingüe traído de Chihuahua.

No es una zona pobre esta de Cuitaboca. Los caminos que se han hecho son para sacar los camiones cargados de excelente madera y los ricos minerales que se llevan compañías extranjeras. Los pobres son los habitantes.

Como si hubieran sido capaces de sacarles las entrañas a machetazos, pero nunca usar un bisturí para extraer los tumores de sus carencias.

El lunes de esta semana la señora Rosy Fuentes de Ordaz, presidenta del sistema DIF estatal, acudió a Cuitaboca para llevar despensas, ropa, cobijas, cobertores y consultas médicas.

Personalmente conoció la situación de estas familias indígenas y quedó impresionada. Al día siguiente, en gira por el municipio de Sinaloa, Quirino Ordaz Coppel dijo que su esposa le planteó esa realidad de carencias, y anunció una primera inversión de 3 millones de pesos para llevar energía eléctrica a la zona.

Qué bueno que la señora Rosy de Ordaz haya estado en Cuitaboca y se haya topado de frente con tantas carencias, y así lo haya planteado a su esposo.

Es un primer paso. Ojalá y esa señal de sensibilidad femenina sea el inicio de una atención más integral a los más marginados de Cuitaboca, que se ha convertido en una especie de emblemática muestra del doloroso rezago social, y también de diversas zonas de Sinaloa.

FACEBOOK Enrique Gutiérrez
TWITTER @ENRIQUEGUTIERR
CORREO egutierrez@rsn.com.mx

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