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FILOSOFIA DE CANTINA
11, Octubre 2017
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?El día de ayer mi corazón detuvo su andar un pequeño instante, como quien frena su día y se da la oportunidad de disfrutar “lo más importante de lo menos importante”: futbol. Andanas de magia, fuerza, solidaridad y entrega detuvieron el resplandecer del sol.

Esa pausa, casi imperceptible, fue tan diminuta que me dio la oportunidad de ver cómo el fútbol se convierte en una pequeña bomba donde el tiempo parece fracasar ante la algarabía del gol. Donde las estrellas no brillan en el cielo, pero sí en la cancha; que la dicha de estar vivos es una suerte, un volado. Y que cualquiera puede ir al infierno en forma de ausencia, de no estar, de repechaje, de fallo frente a la portería.

Infinitamente agradezco el día de ayer; fue único y remotamente tranquilo. La jornada de fútbol en donde se definieron la mayoría de los equipos que estarán en el próximo mundial del 2018 fue inigualable: dura, bestial, dolorosa, de infarto y lo vuelvo a agradecer, ya que  sentimos como de pronto estamos en un mundo que desea alejarse de la cotidianidad, de la rudeza de la ignominia monetaria o del hambre que acecha como el lobo: mundo frágil, convulso, torpe, falto de carisma.

Ayer todos entendimos que Argentina, Chile, México o Portugal mueven sus estigmas a través del fútbol: esa especie de religión que nos condena a arrodillarnos, a alzar las manos hacia el infinito y cerrar los puños para detener una falsa fe, que solamente puede verse de manera redonda: como un balón. Redondo, esférico como el mismo globo terráqueo que pateamos a diario y que poco a poco se va al traste. Un globo que arde y se manifiesta a través de volcanes, de fuegos cruzados que hacen erupción al igual que un estadio repleto, hasta el tope. Que se mueve como un terremoto.

Ayer, el futbol, nos enseñó que un muerto puede regresar desde el más allá; que un país puede sentirse grande y compararse con cualquier otro. Próximamente Perú se enfrentará a Nueva Zelanda, dos mundos distintos, dos caras distintas, dos piezas únicas de orfebrería futbolística y que viene de los polos opuestos: el tercer mundo también tiene unión y el primer mundo pasión. Por desgracia uno no estará en el mundial del 2018 en Rusia.

Ayer confirmamos que el mundo gira, y vuelve a girar, al igual que una pelota que es golpeada hacia las redes y sin portero.

Tan sólo es futbol, ayer, dijeron muchas personas.

Twitter @EliudVelazquez
Facebook Eliud Velázquez Barba
Correo calamarespejo@hotmail.com

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